DTO ANUAL 27,99€/año

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Francisco García

Billete de vuelta

Francisco García

Las moscas

No conviene tener con frecuencia la mosca tras la oreja. La convalecencia de una gripe recomienda, según el médico de cabecera, extremar la higiene, para evitar el contagio a los más cercanos. Esa conversación con el doctor deriva hacia las moscas, a su juicio, lanzaderas habituales de agentes patógenos, portaaviones de las invasiones bacterianas. Dicen que uno de los libros de cabecera de Dalí era "Elogio de la mosca", de Luciano de Samósata; y que el histriónico pintor se untaba de aceite de dátil los bigotes y de miel los labios para que se posaran en ellos las "moscas limpias" que revoloteaban entre los olivos de Port Lligat.

Son las otras moscas, las domésticas, no las de campo, las que intimidan al sistema sanitario, pese a su efímera existencia, puesto que cada ejemplar no dura más de veinticinco días, el tiempo que pasan de reptil a pájaro, de larva a insecto. Algunos estudios científicos cifran en diecisiete millones el número de moscas en el planeta por cada ser humano. Algunas larvas se incrustan en el abdomen de las arañas, las escarban y se las comen de dentro a fuera.

La mosca machadiana, la mosca familiar, la inevitable golosa, es animal literario desde la Antigüedad clásica. Y se la elogia como Luciano o se la detesta al modo de Canetti, quien escribió de una mujer que estudió pacientemente a las moscas hasta descubrir el punto exacto en que había que introducir la aguja para ensartarlas sin que murieran. Para después confeccionarse collares de moscas vivas por el placer de sentir el celestial gozo del roce de las desesperadas patitas y las temblorosas alas sobre su cuello.

Compartir el artículo

stats