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Contable y coach de innovación en Bayer, | socio de Compromiso Asturias XXI

No te pagamos para que pienses

La importancia de acabar con el inmovilismo

No hay frase más lapidaria ante mis oídos que la que acabo de mencionar para abrir este artículo y que probablemente te resulte familiar en el ámbito laboral. Recuerdo la primera vez, hace unos años, cuando el que por aquel entonces era mi jefe, me la dijo y pensé: tiene razón, no debería estar perdiendo el tiempo recapacitando sobre cómo mejorar este proceso. Sin embargo, me he dado cuenta de que esta postura que quizás fuera válida en el pasado, ahora mismo ha dejado de serlo sin ninguna duda.

¿Por qué? Con la globalización de los mercados todos los sectores se han vuelto mucho más competitivos y es por ello que las empresas están ansiosas por, o bien reducir sus costes, o bien encontrar nuevos productos o servicios que no existían previamente. Es ahí donde la innovación tiene mucho que decir, ya que innovar supone, o bien hacer algo de manera más sencilla (con el consiguiente ahorro en costes), o bien hacer algo nuevo que nadie se había planteado antes.

Y si esto que acabo de exponer parece tan sencillo de entender, ¿por qué nos cuesta tanto? Sin ser un experto en el tema, hay razones psicológicas detrás que nos hacen actuar de esta manera, siendo una de ellas la fijación cognitiva. Este proceso no es más que la tendencia que tiene nuestro cerebro a ver una situación u objeto desde un mismo ángulo o perspectiva sin poder darle enfoques alternativos. Sin duda, es muy útil en nuestro día a día porque permite hacer actividades rutinarias sin tener que pararnos a pensar mucho. Por ejemplo, si cada vez que viésemos una silla nos tuviésemos que parar a pensar para qué sirve, desde luego que supondría y habría supuesto un problema importante en nuestra evolución como especie. Por el contrario, esta fijación se convierte en una barrera a la hora de buscar nuevas soluciones a situaciones cotidianas. Este mecanismo tiende a llevarnos a sacar las mismas conclusiones a las que ya hemos llegado en el pasado para situaciones de nuestro día a día, generando frustración ante lo que entendemos un hecho difícil de resolver o mejorar y por tanto inmovilismo.

Es por ello que, en el contexto económico y social en el que vivimos, nosotros como asturianos nos vemos obligados a cambiar nuestra mentalidad; no es sencillo, como todo, requiere práctica y esto se ha de hacer día sí y día también. Para que el ciudadano de a pie y por consiguiente la sociedad se empapen de esta filosofía, el cambio ha de empezar por las esferas superiores (directivos, políticos, profesores universitarios?). De esa manera estaremos asegurando que nuestra región avanza en consonancia con lo que las sociedades más desarrolladas demandan, y por consiguiente estoy convencido que eso aumentaría nuestro grado de bienestar en los ámbitos profesional y personal.

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