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Tino Pertierra

Sólo será un minuto

Tino Pertierra

La realidad de la vida virtual

Paula: "Mira, a estas alturas de la película ya no me da la gana de que me hagan spoilers con mi futuro y no acepto que alguien me diga qué va a pasar si no hago lo que se supone que debería hacer para pertenecer con derecho propio al rebaño. Hace tiempo que dejé claro a mis presuntas amistades que pasarme las noches de los fines de semana metiendo alcohol barato en el cuerpo hasta perder el sentido no figura en mi lista de placeres dignos de ser compartidos, y que llegar a casa hecha unos zorros sin recordar lo que viví está lejos de mis aspiraciones en lo que a ocio se refiere. Vale, el tamaño de mi vida social se redujo considerablemente, pero, a cambio, me quedé con dos o tres personas con las que poder hablar de todo sin poner las neuronas a remojo y empecé a disfrutar de descansos realmente productivos que enriquecían mi mente en lugar de empobrecerla pisando chascos de botellones sin memoria. También dejé de verme con un pitillo entre los dedos pensando que eso me hacía más rebelde, más libre. Más adulta. Un día me vi reflejada en el espejo de una tienda con la cara oculta por una nube de humo y me sentí ridícula. Por qué, me pregunté, si ni siquiera soy consciente de lo que hago. Para qué, remaché. Y lo que quedaba de la cajetilla terminó en un banco, por si alguien quería sacar provecho de mi renuncia. Hubo más despedidas: cerré mis cuentas en las redes sociales. De repente, dar a conocer al mundo la historia de mi vida aparente dejó de tener sentido y en lugar de hacer las cosas para fotografiarlas o comentarlas las guardé para mí y los míos. Dejé de ver la vida tras la pantalla de un móvil, abandoné el hábito voraz de los selfies y la identidad virtual. Quien quiera conocerme tendrá que mirarme a los ojos. Entiendo que haya personas que no puedan renunciar a eso, que piensen que la única forma de sentirse parte de un grupo es aceptar las reglas comunes, sobre todo en edades tempranas donde la necesidad de integración es superior a la exigencia vital de no desintegrarte en una voz única que te viene impuesta. Pero luchar contra ello es esencial: nos va la vida (propia) en ello".

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