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La vida incluida en el ámbar

El hecho singular de que queden atrapados seres vivos en resina viscosa

El ámbar es una sustancia orgánica de estructura amorfa que resulta de la fosilización de la resina de los árboles. Se encuentra en estado natural en algunos depósitos del Cretácico continental del norte de España, pero también es bastante habitual su presencia en yacimientos prehistóricos de la cornisa cantábrica. Su llamativo aspecto y la facilidad de labra lo convierten en una materia prima apropiada para la elaboración de objetos de adorno; asimismo ha sido utilizado como amuleto, como remedio medicinal y a modo de incienso en los siglos pasados.

Es bien conocido que algunas plantas, particularmente las coníferas, producen resina como mecanismo de protección ante la ruptura de su corteza o las heridas producidas por determinados escarabajos xilófagos dotados de piezas bucales masticadoras que se alimentan de madera. Esta sustancia translúcida y viscosa sirve como recubrimiento natural de defensa contra organismos patógenos, tanto antes como después de solidificar por polimerización en contacto con el aire. El ámbar muestra una variada gama cromática, siendo el color amarillo el más común.

Ocasionalmente la resina fosilizada conserva en su interior restos de polen, burbujas de aire, gotas de agua y/o bioinclusiones, es decir organismos -principalmente artrópodos (insectos, arácnidos, etc.) y hasta ranas- que quedaron atrapados en la sustancia pegajosa exudada por árboles del grupo de las coníferas (familias araucariáceas, cupresáceas y cheirolepidiaceas). Esta circunstancia permite, dado el excelente estado de conservación de la fauna contenida (incluyendo su estructura celular), detalladas investigaciones filogenéticas y asimismo atisbar detalles del ecosistema boscoso cretácico subtropical bajo un clima seco-húmedo estacional, que imperaba en una época donde se producía el reemplazo de las gimnospermas por las angiospermas y, por tanto, la expansión de insectos polinizadores.

Las principales concentraciones españolas de ámbar se hallan en las cuencas cretácicas de Teruel, Vasco-Cantábrica y de Asturias, ámbitos peninsulares que corresponden a la antigua línea de costa durante parte de ese periodo geológico. No se han encontrado yacimientos anteriores al Cretácico.

Un yacimiento de importancia mundial lo representa el entorno de la cueva de El Soplao (Rábago, Cantabria). Es excepcionalmente rico en bioinclusiones (sobre todo, avispas, moscas, arañas, mosquitos y restos fósiles de coníferas), siendo muy destacable el reciente hallazgo de garrapatas de hace unos 105 millones de años, con el probable interés de albergar en su cuerpo sangre de dinosaurios o vestigios de células sanguíneas, lo que sería un descubrimiento asombroso. Además las muestras allí encontradas presentan un peculiar color azulado, lo que valora su interés gemológico.

El médico y epidemiólogo Gaspar Casal realizó en 1762 el primer estudio del ámbar español, recogido en su libro póstumo "Historia Natural y Médica del Principado de Asturias"; describe dos afloramientos en Asturias, uno en Beloncio (Piloña) y otro en Arenas (Siero). Casi un cuarto de siglo después, el clérigo británico Joseph Towsend realizó observaciones sobre el ámbar regional, plasmadas en su obra "A journey trough Spain in the years 1786 and 1787", ofreciendo detalles de la localización de los yacimientos y teoriza sobre su génesis, aunque de manera algo embrollada por los prejuicios diluvistas que prevalecían por entonces.

El ámbar que se encuentra en el Cretácico asturiano procede de depósitos del Albiense (100 millones de años) y Cenomaniense (95 millones). Los ejemplares más antiguos con bioinclusiones se encuentran en sedimentos que afloran en el alto del Caleyu (Oviedo), los cuales han suministrado incluso masas ambarinas decimétricas. También aparece en las formaciones cretácicas inmediatas de edad Cenomaniense. Asimismo, se halla ámbar en las inmediaciones de Pola de Siero e Infiesto. El material presenta mayoritariamente tonalidades amarillentas y pardo-rojizas. Las bioinclusiones de El Caleyu consisten en insectos de dos alas (tipo mosca) en buen estado de conservación o con alas membranosas, larvas y otros tipos de artrópodos.

El interés del hombre primitivo por el ámbar queda constatado por su presencia en las cuevas junto con restos prehistóricos del Paleolítico Superior a la Edad de Bronce. El material fue recolectado por las sociedades ancestrales que habitaban en las proximidades de los sedimentos cretácicos, y utilizado como materia prima para elaborar elementos de adorno y seguramente objetos que preservasen del mal, dado que desde tiempos ancestrales se le atribuyeron poderes terapéuticos. Este ámbar arqueológico, recogido y transportado a las cavernas por seres humanos, quedó enterrado en unas condiciones ambientales que permitieron su preservación. En Asturias sobresalen dos yacimientos del Paleolítico Superior: Las Caldas de Priorio (Oviedo) y Cova Rosa (Sardéu, Ribadesella). En la Sala II del primero se hallaron piezas rojizas en bruto y con marcas antrópicas; en el segundo complejo kárstico aparecieron dos objetos adorno-colgantes, consistentes en dos perlas discoides muy bien conservadas con una perforación central, que se encuentran expuestas en el Museo Arqueológico de Asturias.

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