Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Profesor de Historia del Arte de la Universidad

El barro es nuestro destino

A los que nunca tendrán oportunidad de construir Europa

El barro corroe nuestra vida, acertó a pronunciar en un ahogado estertor mientras su ya borrosa visión escrutaba en el horizonte la Tierra Prometida más allá de las cuchillas de diamante de la espinosa alambrada. El barro estéril adherido a sus destrozadas botas ralentizaba sus pasos y su cuerpo se hacía más vulnerable. El barro define nuestra exacta distancia con el Destino.

Y recordó las manos llenas de barro de Prometeo con las que éste creó al primer hombre, o el barro que moldeaba los ladrillos de las primeras casas de la Edad del Bronce. Era el bíblico barro Creador de Adán. Y el postrero barro que dejó el Diluvio Universal era el mismo barro que colmató las trincheras de Las Ardenas, el Somme o Verdún en la primera Gran Guerra de la vieja Europa, mutilando los pies de miles de soldados engullidos en el fango del espectral invierno de 1916. Todo es o fue barro. Ra, el primer dios nacido del lodo primigenio se convierte en Creador de la Tierra de los otros dioses. Jesús aplica barro sobre los ojos del ciego para devolverle la visión. Un barro selectamente escogido nos permitió grabar la primera escritura cuneiforme y emprender el camino de la comunicación escrita. Y siglos antes Khnum el alfarero divino daría forma al huevo del cual nacería el Sol, siendo el creador del Hombre modelado con el Barro del Nilo. O Nüwa la diosa que a la orilla de un manantial de agua natural sacaba puñados de barro con el cual moldeaba figuras humanas, para después soplar con fuerza vida dentro de ellas, haciendo que los nuevos seres despertaran. Pero también el barro ciega nuestra capacidad de alcanzar la Razón que nos arrebata el otro.

Barro sacro que divide con sangre la maldita frontera entre el Bien y el Mal. Hoy el barro genera especulación, lucro y usura supurando esa letal codicia en la que se hunde el fango inmobiliario con las casas de barro de nuestras metrópolis; muy alejadas de aquel barro cocido de la Edad del Bronce pero que discrimina con helada frialdad quien hollará con sus destrozadas botas esa Tierra Prometida. Quien dejará la huella en el converso barro de hormigón del corazón del viejo continente de las Luces. En esa mítica Europa secuestrada por Zeus el dios del Trueno. El Barro sacro especula con la Vida y con la Muerte, con las casas de barro de la Vida y el suelo de barro de los cementerios con sus casas de Almas.

Compartir el artículo

stats