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Un Tour de Francia sin eucaliptos

La retransmisión de la prueba deportiva como reclamo turístico

De todos los deportes al aire libre el que más se ha beneficiado de las retransmisiones por televisión es el ciclismo. Ha permitido incorporar la espectacularidad de un paisaje cambiante a la competición y seguirla luego con todo detalle gracias a unos medios técnicos cada vez más sofisticados y precisos. Tan sofisticados y precisos que nos facilitan saber al instante lo que ocurre en la cabeza y en la cola del pelotón; cuando se desencadenan los ataques; como se vienen abajo los atletas en las empinadas carreteras de montaña incapaces de seguir el pedaleo de los más fuertes; e incluso los acelerones de los "sprinters" en las llegadas tumultuosas, que parece milagroso que salgan indemnes de esa confusión de piernas, brazos y bicicletas. Y además, una amplia mirada al paisaje por donde circula la carrera, demorándose en las perspectivas más hermosas e impresionantes, o en los monumentos más reseñables.

El trabajo de la televisión francesa respecto del Tour es admirable y no habrá mejor reclamo turístico que el desarrollado durante esta primera quincena de julio. Pero no siempre fue así. Los que ya tenemos unos años recordamos aquellas escuetas reseñas de la gran ronda ciclista que nos proporcionaban la prensa y la radio de la época. Y con tan pobre material teníamos que recurrir a la fantasía para imaginar proezas que nunca vimos y de las que solo teníamos constancia por unas fotografías que llegaban con retraso, En la ciudad donde yo entonces residía, el locutor deportivo de una emisora había montado un ingenioso sistema para informarse de lo que ocurría, sobre todo en las decisivas etapas de montaña y cada cierto tiempo daba noticia de los incidentes de la carrera. "Por el col de la Madelaine va de primero Bahamontes con una ventaja de tres minutos sobre Charly Gaul...". Y la gente en los bares aplaudía para dar ánimos desde la distancia al Águila de Toledo. El luxemburgués era el enemigo a batir cuando la carretera se empinaba en los Pirineos y en los Alpes y sus duelos con Bahamontes hicieron época. Subiendo Federico era un poco mejor pero cuesta abajo Charly, bastante menos precavido, se desquitaba del tiempo perdido. Nunca se supo que sistema utilizaba el locutor para informarse (quizás llamaba por teléfono a algún medio francés) pero él resumía las hazañas con un lema que hizo popular: "Tour de France, tour de suffrance".

Cuando la televisión empezó a llegar a todo el país, aún tuvimos tiempo de ver en directo a esos dos fenómenos en imágenes servidas en blanco y negro. De ese tiempo, tengo memoria de una ascensión al terrorífico Mont Ventoux en la que Bahamontes y Julio Jiménez, "El relojero de Ávila", dejaron atrás a Anquetil y Poulidor. Con la pasión por el fútbol en la nevera, la retransmisión televisada del Tour de Francia es el principal atractivo del verano deportivo. Yo lo sigo todos los años y me suscita una sana envidia contemplar el cuidadísimo paisaje de Francia. ¡Ni un eucalipto!

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