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Xuan Xose

De te fabula narratur

En la Biblioteca de Castilla-La Mancha apareció un nuevo manuscrito de El caballu, un poema de Francisco Bernaldo de Quirós, escritor y militar que vivió entre el XVII y el XVIII.

(El caballu es un excelente texto, lleno de gracia, ingenio e inventiva literaria. Vean, por ejemplo, estos cuatro versos:

Si les ixargues-y aguíen / paez que devana l'aire / en un veloz fenetible / duviellu cuadrupedante.)

Pues bien, informado de tal novedad, solicité a dicha institución copia del citado manuscrito, que me fue facilitada con amabilidad y diligencia exquisitas. En agradecimiento, envié un ejemplar de la edición crítica del poema que realicé en 2016. Y aquí empieza la historia.

La Biblioteca me remite una carta de agradecimiento a nombre de Juan José Sánchez. No importa que mi nombre figurase en todas las comunicaciones anteriores, ni que lo hiciera en el libro. Alguien se sintió impelido, a "normalizarme", a "ponerme en mi sitio", sin duda siguiendo aquellas palabras de don Juan Carlos al entregar el Cervantes a José Jiménez Lozano: "El castellano nunca ha sido una lengua de imposición".

Pero no es de mí de quien estoy hablando. Como conocen todos mis lectores, la frase de Horacio que da título a este artículo quiere decir que lo que se cuenta trasciende a los demás, habla también de los lectores. Respóndanse: de haberme llamado John, Xoán, Joan, Jon, en cualquier otra lengua, peninsular o extranjera, ¿se habrían sentido compelidos a "cristianizar" el nombre? Seguramente no.

Porque no se trata únicamente de una cuestión de educación ni de esa pulsión imperial castellana, sino de que lo hacen porque, en cuanto asturianos, "no somos", no pintamos nada, para esto, para las comunicaciones o las térmicas.

Claro que alguno -no de ustedes, evidentemente- pensará: ¿para qué se mete en líos? ¿Por qué no se llamará Juan o José, como todo el mundo?

¿Lo ven? Efectivamente. De te fabula narratur.

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