Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Francisco García

Billete de vuelta

Francisco García

A otro perro con ese hueso

Un profesor de la Facultad nos dictó una tarde la regla de oro de esta profesión: periodismo es contarle a la gente lo que le pasa a la gente. Ahí es nada. La sentencia da para una tesis doctoral y de ella hacemos diariamente bandera, aunque en ocasiones extraviemos el camino.

Ocurre que, seguramente por influencia de las redes sociales y por el afán creciente de contar la vida de cada uno y sus aledaños en esos caladeros, parece que periodismo empieza a ser otra cosa: contarle a la gente lo que le pasa a su perro.

Cualquier asunto relacionado con un animal doméstico, principalmente canes, se convierte de inmediato en viral (fenómeno de rápida difusión, para los profanos en los andurriales de internet, "féibuces", "tuíteres" e "instragranes"). Tal vez lo llamen viral porque actúa como un virus: se te mete dentro y no te suelta ni a sol ni a sombra. Como ese fantasmagórico Momo que ha saltado sorpresivamente de Whatsapp a las redes sociales de la mano de terroríficos sucesos de dudosa veracidad que no le alcanzan la suela del zapato a las "Historias para no dormir" que componía Ibáñez Serrador a finales de los años sesenta del pasado siglo, cuando la televisión y el terror compartían el blanco y negro.

El asunto del mendigo gijonés al que se le muere el perro, solicita otro entre sollozos, se lo regalan, se lo quitan pero no se lo quitan porque era de prestado... ese proceso, que ha provocado lágrimas y encendidos debates a favor y en contra en las redes, es la confirmación de que empiezan a ocuparnos y a preocuparnos más las andanzas de un chucho que las vicisitudes y avatares del vecino del quinto. Por mi parte, lo siento, pero no trago: a otro perro con ese hueso.

Compartir el artículo

stats