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Javier Ciervo

La semana del pavo real

La entrega de los premios corona la parte social de los "Princesa de Asturias", un Oviedín repetido año a año

El tripartito que gobierna Oviedo tiene fama de receloso con los premios "Princesa de Asturias", pero no es verdad: quiere reimplantar los pavos reales en Oviedo.

Aunque esta afirmación no es científica, los premios "Príncipe de Asturias" sólo podrían haber nacido en una ciudad con pavos reales. El escudo de Oviedín debería tener pavos reales, porque le pegan horrores a una ciudad que ya tenía cisnes y ópera. Los galliformes parecen de toda la vida de Oviedo, pero son posteriores a los bombones de Peñalba.

Alejandro Magno trajo a Europa esta ave asiática en la que la naturaleza inventó el Art Nouveau y que anidó en los versos alejandrinos de los modernistas. Escribió Rubén Darío: "Ve un zorzal a un pavo real / que se esponja y gallardea; / le mira la pata fea / y exclama: '¡Horrible animal!' / sin ver la pluma oriental, / el pájaro papanatas. / Gentes que llaman sensatas / son otros tantos zorzales: / cuando encuentran pavos reales / sólo les miran las patas".

Si cabe la pregunta, ¿qué fue primero, el huevo de pavo real o la pluma de Rubén Darío?, también es pertinente preguntarse si fue primero Oviedín o el pavo real, aunque sepamos que los trajo a principios de los años cincuenta del siglo pasado Ramón Alba -registrador, hijo de político y nieto de registrador- en dos cestas de esparto desde su finca de Montefrío (Granada). El registrador y dos pavipollos llegaron en primera clase a la estación del Norte para adornar el Campo e hicieron su nido en lo alto del arco de San Francisco.

El nicaragüense Rubén Darío vivió en Chile y en España. El zorzal es "papanatas" en Chile; pero en España es "hombre astuto y sagaz" (y quizá la zarzala sea astuta y sagaza). El pavo real es pavo y real desde la cresta coronada hasta las patas. Los monárquicos quieren que veamos la cola desplegada todos los días del año. El Carnaval de Las Palmas, otra forma de pavorrealidad, se conforma con unos días en la víspera de la Cuaresma.

Los descendientes del par primigenio han desaparecido del Campo San Francisco, por culpa de los premios. Antes de ellos, los pavos adornaban felices el jardín sin más aspiraciones. En los últimos 20 años, su espacio se les quedó pequeño como advertía su graznido, que parece decir "me ahooooogo". ¿Adónde se aventuraron? A la entrada del Reconquista, el hotel de las cinco estrellas que hospeda reyes, príncipes y premiados. Quizá por las reuniones del patronato, tan banquero, se mudaron a los jardines del Banco de España, donde viven los dos últimos ejemplares, sus altezas "Manzanito" y "Arenita". Las últimas andanzas de otros les llevaron arrastrando la escoba de oro hasta el auditorio Príncipe Felipe y aparecían desconcertados en las ventanas de la calle Pérez de Ayala.

Ayer, en Oviedo, acabó el despliegue de la cola del pavo real con la entrega de los premios "Princesa de Asturias" que tanto nos enseñan a los ovetenses de ritual y pavoneo en esa alfombra azul como el pecho del crestado y en ese abanico que tantas miradas atrae y devuelve tantos ocelos, esas pintas con forma de ojos. Parece natural que presida la Fundación un oftalmólogo que ha hecho famosas las cataratas de Oviedo, aunque la ciudad no tiene río a la vista.

Los ovetenses se benefician de ser la sede de los premios "Princesa de Asturias" porque permite ver de cerca a los Reyes y su séquito y, a costa mirarlos, verlos de otra manera, hasta las patas. Con la experiencia de los años un ovetense atento puede calcular cuántos kilómetros de cinta hacen falta cada edición para crear un circuito que aísla, dentro de la ciudad y por donde estén, a los premiados de los vecinos. Podría ser como el Ecuador, una línea imaginaria, pero es real y ya está trazada a las 10 de la mañana de un martes para una rueda de prensa (sólo para periodistas acreditados que han pasado un control portero) con Svante Pääbo, un paleogenetista interesantísimo, pero del que no cabe esperar que produzcan avalanchas de adolescentes ni disparos de desequilibrados.

Vivir en la corte de Oviedo durante una semana enseña a ver. Por ejemplo, los Borbones suben al metro de Madrid una vez cada cien años para hacerse una fotografía que cuesta una dotación policial bien armada. Con una tabla de salarios públicos se puede calcular el precio de que Felipe VI se beneficie de fotografiarse saludando a una anciana en el vagón de un tren subterráneo. Eso se sabe después de varios años observando que los asistentes al concierto del Auditorio -mucho más visual que sonoro- tocan a un policía de dos metros y metralleta por cada cincuenta personas. Pasan seis horas apostados pese a que a la entrada musical de los Reyes en Oviedo sólo accede un grupo elegido por invitación, todos sin antecedentes penales, la mayoría conocidos entre sí.

¿Hay tanto peligro? Ni siquiera en un año de premios polarizados, de extremos que se tocan. Se ha llevado el de la Concordia una oceanógrafa con sesenta años de inmersiones en la profundidad del océano, y el de Deportes, dos alpinistas que han ascendido docenas de veces por encima de los ocho mil metros. Muy asturiano: la altura de los Picos de Europa y su reflejo marino, el Cañón de Avilés. Ganó Comunicación y Humanidades la periodista Alma Guillermoprieto, que busca información en la actualidad, e investigación Svante Pääbo, que hace lo mismo en el ADN prehistórico. Hay un teórico de la desigualdad en Ciencias Sociales y unos prácticos de la igualdad en Cooperación Internacional. Hubo unanimidad en la violencia en el premiado de las Artes, Scorsese, y la premiada de las Letras, Fred Vargas. Todos convivieron sin conflicto, todos menos la ausente Vargas.

A estas alturas, la organización debería saber que la gente que repite, año tras años, uno, dos o tres actos de la semana del pavo real son de confianza. Se conocen todos. Basta pasar la mañana de la entrega en el lobby del Reconquista para darse cuenta. Los invitados se despiden con un "de hoy en un año" y "tú que lo veas". Ese cóctel sin cóctel, de tacón de aguja y alfombra mullida, selfies de corrillo y canutazos políticos, permite ver una vez al año a Blas Herrero y otra vez al día al Padre Ángel. Este año debutaron el presidente de la FADE y de la Alianza de las civilizaciones pobres del Noroeste, Belarmino Feito, y el de la Cámara de Comercio, Carlos Paniceres. De fuera estrenó Pablo Casado, esquivo, acompañado de esposa e hijo? de Suárez, que reapareció después para alimentar los micrófonos. Son excepciones.

En su parte social, la semana del pavo real es el día de la marmota.

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