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Cosas del dinero

Supuestas explosiones de ingenio en la vida política nacional

Una amiga mía se llevó un chasco en una famosa superficie comercial de Gijón y una ministra de Sánchez ha demostrado ser un lince en materia económica. Lo de mi amiga es simple de contar: se compró una prenda de Armani made in China y, el día que la metió en la lavadora, se quedó sin ella. La prenda salió del lavado hecha un desastre, mi amiga fue a protestar y le dieron un corte. La vinieron a sugerir que la culpa era suya y, en respuesta demorada e imprecisa, se zafaron de ella. A mi amiga le queda ahora protestar en la OCU e insistir en la verdad: la prenda en cuestión no sobrevivió al primer lavado. La conclusión es simple: el dinero es una cosa tan importante que por su causa te puedes quedar sin razón aunque la tengas. La ministra de Economía ha corroborado esta realidad demostrando que, en el cuidado de su dinero, ella es listísima. Ha hecho muy bien el presidente Sánchez en defenderla y, de paso, saltarse a la torera aquellas promesas fervorosas de regeneración democrática con que nos obsequió no hace tanto. No se puede dejar que dimita alguien así. Si la ministra nos trata a todos con el mismo celo que el que lleva sus propias cuentas, es fácil inferir que estamos a las puertas de un enriquecimento súbito; a España le falta un suspiro para tener las cifras de Kuwait.

Una de las características alarmantes de una sociedad en declive es la impunidad de las frases mendaces. Sánchez prometió no consentir prácticas fiscales que consiente y sabemos, gracias a su filosófica vicepresidenta, que lo que dijo antes de junio quedó pa prau porque él, después de junio, es otro. Como las palabras valen poco en gobernantes insolventes, Sánchez se animó a bajar a Andalucía a echar un cable electoral y allí tildó a sus adversarios de coalición de perdedores. Hizo en esto tan bien como en el mantenimiento de la crack Calviño: Sánchez, que no ha parado de ganar elecciones en su fecunda vida política, detecta a los perdedores en un parpadeo. Y así, en estas explosiones de ingenio, se va pasando la vida política nacional. Hay algo de negocio en eso: una sociedad convenientemente inyectada de indiferencia a la estulticia se encogerá de hombros cuando al estulto le apetezca reincidir. La mentira en política es como la cara de Jose Coronado anunciando apuestas on line apenas medio segundo después de que suene el himno de España en un partido de fútbol: algo inexorable. Y por eso resulta interesante que Felipe González hable de vez en cuando para dar a entender que han cambiado tantas cosas en su partido que quizá alguien- quizá Calviño, tan lista con los números- pueda calcular cuántos votantes gana el PSOE con su actual liderazgo y cuántos pierde. Qué cosas pasan, verdaderamente.

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