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Toros, caza y procesiones

La España de Vox

Toros, caza y procesiones son las referencias del programa con el que se presenta en el ruedo cierto partido ahora en auge. Sus adversarios sitúan a Vox en la extrema derecha; pero quizá se trate más bien de extremo casticismo.

Esos días de ahí atrás los airados dirigentes del grupo desataron sus iras contra una consejera, y socia, de la Junta de Andalucía que en otro tiempo había calificado de "rancios" los desfiles de Semana Santa. ¡Y en Sevilla, pardiez! La réproba no tardó en desdecirse para hacer contrición y propósito de enmienda, afortunadamente.

Los de Abascal marcan tendencia con su apuesta a favor de la moda retro. De momento han empezado con actividades de orden agrario, como los toros y la caza que, a su juicio, definen el ser profundo de España. Luego han hecho bandera de las procesiones, que tanto turismo atraen.

Es solo cuestión de tiempo que reivindiquen el legado cinematográfico de Paco Martínez Soria: aquel entrañable actor de los años sesenta y setenta cuyo personaje proclamaba orgulloso: "La ciudad no es para mí". Dada la pobre idea que tienen de las señoras, tampoco es imposible que echen de menos al Alfredo Landa que se pasaba las películas persiguiendo suecas por Benidorm y la costa levantina en general.

Los nacionalistas tienden a acentuar los rasgos míticos de la nación que promueven; pero en este caso apuestan por los más espesos. Se diría que su idea de España es una foto en blanco y negro de la década de los setenta. Un país que circulaba en 600 y practicaba el ritual del café, la copa y el puro, con mucho cazador, mucho taurómaco, muchos curas y muchos militares de los de antes de la entrada en la OTAN.

Aquella España que castigaba el adulterio y mantenía a las mujeres con la pata quebrada y en casa tiene el inconveniente de que, en realidad, ya no existe. Otra cosa es que la nostalgia de quienes eran jóvenes entonces le proporcione a Vox una buena ración de votos en las próximas elecciones, según declaran todas las encuestas.

Se trata, naturalmente, de un fenómeno pasajero, como en su día lo fue el de Podemos. También su contraparte de la extrema izquierda dibujaba un país caricaturizado e irreal en el que millones de niños pasaban hambre y la mitad de la población, o por ahí, vegetaba en los bordes de la pobreza más absoluta.

Lo malo -o bueno- es que la realidad siempre acaba por estropearte un buen reportaje. O un programa electoral.

Contra las caricaturas que pintan a España como un lugar poco menos que subdesarrollado, se opone el hecho de que este país es uno de los más avanzados en materia de libertades. No solo figura en el selectísimo club de las únicas veinte "democracias plenas" que existen en el mundo. Es que también lidera las donaciones de órganos y trasplantes, mantiene una sanidad excelente (a pesar de la burocracia), sus índices de delincuencia son bajísimos y cuenta con algunas de las transnacionales de peso en este planeta globalizado.

Lejos de vindicar ese país realmente existente, los populistas a babor y estribor se han inventado otro de trazos sombríos, que en el caso de Vox es no más que la nostalgia de un pasado carpetovetónico ya abolido por el "régimen del 78" que tanto detestan a babor y estribor. Como todas, esta moda retro -ni siquiera vintage- pasará en un par de temporadas. Mientras tanto, la diversión parece garantizada.

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