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Sol y sombra

Asuntos internos

La política ha acabado por ser la emulsión del provecho personal en una partitocracia ajena al verdadero interés común: una especie de mayonesa incomestible. Caemos en ella con frecuencia; los periodistas los primeros por el roce contagioso con los propios políticos y sus mezquinas cuitas.

Tenemos, por ejemplo, el caso de Mercedes Fernández contra Teresa Mallada, un enfrentamiento que afecta particularmente al interés de la primera por continuar en la primera línea. Pero como consecuencia, también afecta a la segunda, la candidata, que se ve torpedeada desde dentro del Partido Popular asturiano, y terminará por perjudicar al propio Pablo Casado si no es consecuente con su forma de entender el dirigismo y no resuelve el problema antes de que se enquiste. Más vale una vez colorado que ciento amarillo.

En una organización que se rige por el dedo, esas son las normas del PP, quienes pertenecen a ella y lo hacen desde tanto tiempo, como sucede con Mercedes Fernández, tienen que ser conscientes del mecanismo que opera en la elección de un candidato, sin tener que rebelarse contra él cuando no les conviene.

Pero esencialmente, la pregunta que debemos hacernos todos y más los propios partidos es qué diablos le importa al común de los ciudadanos este tipo de rencillas personales por culpa de los cargos. Los periódicos también tienen que planteárselo. El periodismo pierde sentido cuando no abre el foco lo suficiente para situar la imagen del político que ve perjudicados sus intereses personales frente a la problemática real que afecta al conjunto. A mí que me cuentan, dirá el ciudadano que contribuye para ver resueltas sus inquietudes. Si todo se reduce a la disputa de la prebenda fulanista, Mercedes o Teresa, Teresa o Mercedes, o depende del furor de la militancia, que son cuatro, al Partido Popular lo único que se le puede desear es que lo voten sus militantes. Al Partido Popular o a cualquier otro que haga del interés general una cuestión sectaria.

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