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Javier Ciervo

Un millón

Javier Cuervo

Habla Lady Gaga y...

Para lucir un modelo a lo Audrey Hepburn en la gala de los "Oscar", Lady Gaga recorrió y se adornó durante once años con vestuarios de estudiada extravagancia que sugerían una inteligencia viva y alternativa.

Después de una carrera brillante en el pop internacional, que tiene tanta mortalidad artística, fue lo suficientemente buena para sorprender a los escépticos habituales y la Academia de Hollywood consideró que merecía un "Oscar".

En ese instante, cuando el premiado logra que el mundo le escuche, sin guión ajeno ni música de fondo, sólo se le ocurrió decir que ha trabajado "durante muchísimo tiempo y no es cuestión de ganar sino de no rendirse, si tienes un sueño lucha por él. Hay una disciplina para la pasión, y no se trata de cuántas veces te rechazan o te caes o te golpean. Se trata de cuántas veces te levantas, eres valiente y sigues adelante".

La industria del espectáculo tiene fama de cruel, pero ¿tanto como para que la enmascarada a cara descubierta Lady Gaga, cantante, compositora, productora, bailarina, actriz, activista y diseñadora de moda, que debutó hace once años y no se ha despegado un instante del circuito de la fama, llore un discurso motivacional de preescolar de Hollywood con una intensidad emocional que necesita de más explicación?

Son palabras inesperadamente vulgares en una chica lo suficientemente lista para parecer rara y, sin embargo, ser occidentalmente aceptada. Estas grimosas palabras -que llaman "inspiradoras", aunque tienen más que ver con aspirar que con inspirar- son pura idiotez "coatcher", más gaga que lady, y en ella parecen el examen final de un desaprendizaje o, más fácil, otra lección universal para "jóvenes, aunque sobradamente incautos", a través de los canales ideológicos habituales.

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