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Sol y sombra

El ninot de ARCO

Puede que la falta de sensibilidad me impida admirar buena parte del arte contemporáneo que patrocina y exhibe la feria ARCO. La insensibilidad y, digamos, cierto recelo que empezó a originarse el día en que en uno de los grandes museos dedicado a la vanguardia observé cómo un corrillo se extasiaba en una de las salas delante de un cubo y una fregona y se disolvió al darse cuenta los que lo formaban de que no se trataba de cubismo, cuando una empleada de la limpieza pasó a retirarlos para proseguir con su tarea. Desde entonces no he dejado de preguntarme dónde empieza y acaba la "obra" de algunos que dicen llamarse artistas.

ARCO se ha convertido en un escenario único para los mercachifles oportunistas que sólo tienen que pulsar la tecla menos arriesgada y más rentable de la provocación para hacer negocio con su obra. No siempre ha ocurrido así con el arte contemporáneo que en otros momentos de la historia contribuyó a configurar un pensamiento sólido y una estética de vanguardia en Europa y en otros lugares del mundo.

Pero ahora la tentación está en el ninot del Rey de Arco que el creador invita a quemar a cambio de una suculenta suma. A nadie con dos dedos de frente, aunque le sobrara el dinero, se le hubiera ocurrido comprar jamas una pieza artística de 200.000 euros para acto seguido destruirla. Pero, claro, me estoy refiriendo a obras de arte. El muñeco del Rey perfumado con la colonia que habitualmente usa, pronto será rociado con gasolina porque ya hay ofertas en firme para comprarlo y, como obliga el contrato, prenderle fuego. Todas ellas de españoles

-¿quién podría si no tener el cerebro tan averiado?-, una de un coleccionista que al parecer no pretende coleccionar nada. La provocación merece el respeto que merece su propia vena cuando no exige por sí misma de modo injustificado, como es el caso, el reconocimiento de arte.

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