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Sol y sombra

Iglesias contra el poder

La pareja del candidato de la extrema izquierda y portavoz parlamentaria de Podemos ha gritado que Pablo Iglesias es el único que puede doblegar a los poderosos, acabar con los privilegios de los bancos, de las empresas y de los medios de comunicación. Pero para ello, claro, tiene que llegar al Gobierno. Iglesias se había encargado antes de transmitir en el mitin de su rentré que los poderosos mandan más que el parlamento. Cualquiera que lo hubiera oído sin saber de qué va el asunto habría pensado que tanto el líder de Podemos como Irene Montero son dos personas ajenas al palacio de la Carrera de San Jerónimo. Pero no, Iglesias y Montero son dos inquilinos como el resto de los diputados: han nacido del discurso contra la casta, luego se han sumado gozosamente a ella y ahora menoscaban su contribución al decir que son los poderosos los que, a fin de cuentas, cortan el bacalao.

Pedro Sánchez tiene una papeleta que resolver con sus hipotéticos aliados de la izquierda populista y del nacionalismo independentista que se resume en el victimismo. El victimismo es una actitud negativa que encadena a los problemas, sin embargo en la política se manifiesta más como estrategia que como válvula de escape. A la gente resulta fácil empujarla pero guiarla es más complicado. Pablo Iglesias la está empujando después de haber prometido una cosa y cumplido otra muy distinta. De ahí viene su inexorable desgaste. Fracasó siendo populista pero no conoce otra forma de hacer política que perseverar en la demagogia. Pretende volver a los orígenes bramando contra el poder alienador e invocando a los descamisados cuando se ha comprado un chalé de 600.000 euros que no dejará de perseguirle como una contradicción. No hay nadie que no tienda trampas en una elecciones, pero esta de Superman contra los poderosos que propone el candidato de Podemos es para partirse el culo de risa. Si no lo conociéramos.

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