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Vicente Montes

Apuntes De Mecánica Política

Vicente Montes

Mallada contra el ruido

La derecha asturiana, cainita y autodestructiva, protagoniza un nuevo episodio que marca el arranque de la campaña | A un Foro en horas bajas le beneficia la inestabilidad para su supervivencia

El noble arte de la política tiene su envés en las casi siempre vergonzosas batallas internas: antaño se conspiraba con venenos o cuchilladas; hoy se prefieren los dosieres, los anónimos o las campañas en redes sociales. Alcanzar el poder parece que no es posible solo por méritos propios, sin recurrir a la ayuda extra de pisotear al contrario. Y bajo todo ello afloran aspectos tan humanos como la envidia, el ego o las rencillas personales.

La derecha asturiana es un microcosmos del navajeo. En la democracia solo ha tenido paz cuando podía vivir cómodamente en la oposición: pero en cuanto surge un periodo de incertidumbre electoral afloran las disputas.

La campaña que ha denunciado sufrir la candidata del Partido Popular, Teresa Mallada, es una expresión más de estos axiomas, sin entrar en el fondo de la cuestión. Mallada ha recurrido a una fórmula de manual, un poco torpe y que da cierta imagen de exasperación: la amenaza con la denuncia judicial a quien revele el contenido de un puñado de papeles y cotilleos que circulan por las redacciones y las mesas de los contrincantes.

El problema, en cualquier caso, no estaría en lo que dicen los anónimos y en su existencia (son una especie habitual, aunque florecen con las campañas electorales), sino en si es o no cierto su contenido. ¿Y si lo es y supone alguna irregularidad o falta de ética, por qué no se denuncian al juez y a cara descubierta? La candidata popular se enfrenta a una crisis, aunque quizá la forma que ha elegido para afrontarla no sea la más certera: los dimes y diretes acaban llegando a la población, solo es cuestión de tiempo. Ofrecer explicaciones hasta de lo obvio debería ser obligación de todo político y es la mejor forma de acallar rumores. Y ha partido con una debilidad manifiesta al tratar de minimizar un hecho que ella debió prever: que trascendiera su condición de investigada (al igual que otros 16 concejales) en la cesión de los terrenos del geriátrico del Montepío en Felechosa. Es un asunto menor, que seguramente acabará sobreseído, pero lo conocía desde tiempo.

Ahora bien, ¿quién o quiénes alientan esta maniobra? ¿Con qué objetivo? Basta seguir el rastro del humo para llegar al fuego, así que buena guía para responder a estas preguntas es interrogarse sobre quiénes serían los beneficiados. A veces no son los que más ruido hacen.

La rivalidad en el Partido Popular. Hace años que algunos dirigentes populares señalaban a Teresa Mallada, que accedió a la presidencia de Hunosa en 2012, como una alternativa de futuro. Era cuestión de tiempo, decían, que terminase por alcanzar el poder del PP, dado a las transiciones por designación más que por aclamación. Pero la relación entre ella y la aún presidenta del partido, Mercedes Fernández, ha ido quebrándose hasta el antagonismo total. Las razones difieren según la parte consultada. Los afines a Fernández sostienen que hubo sintonía inicial, pero que se fue quebrando por las reticencias hacia Mallada de su exjefe en la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), Ramón Aguirre. La tensión entre ambos llegó a ser evidente.

Aunque Mallada siempre fue discreta sobre sus aspiraciones, Mercedes Fernández era consciente de ellas, así que cuando llegaron a sus oídos quejas sobre la gestión en Hunosa las reticencias fueron creciendo. La allerana tenía predicamento entre los sectores más jóvenes del partido y entre los dirigentes a los que Fernández había ido apartando (algunos tomando como argumento la instrucción del "caso Pokémon"), así que pudo ver en ella un cauce para acabar perdiendo el poder del partido.

En 2015, Mallada era la opción de muchos para ser la candidata al Congreso, y hubo quienes lo daban por hecho. De ahí que les sorprendiese que Mercedes Fernández optase por la entonces diputada autonómica Susana López Ares. Justo en esa época se encargó la auditoría interna que tantos quebraderos de cabeza ha dado estos días a Mallada. La candidata asegura se hizo con el único objetivo de buscar munición que la invalidase como aspirante al Congreso.

La siguiente opción de movimiento interno vino con la victoria de Pablo Casado en las primarias del PP. Muy pocos en Asturias apostaron por él desde el principio (el único grupo de respaldo lo lideró la ovetense Paloma Gázquez, premiada ahora como candidata al Congreso). Fue entonces cuando Mercedes Fernández cometió un error estratégico, quizá para evitar una rebelión interna. Primero respaldó a Dolores de Cospedal, aunque fue convocada a alguna reunión para captar afinidades con Casado de la que después renegó. Cuando Cospedal quedó desbancada y ofreció su apoyo a Casado, Fernández viró en el último momento a favor de Soraya Sáenz de Santamaría creyendo que si resultaba victoriosa la exvicepresidenta perdería fuerza ante el sector "sorayista" en Asturias.

Con Casado inmerso en una renovación del partido, bajo la referencia de José María Aznar y del ala más conservador del PP, Mercedes Fernández fue quedando orillada en Génova. Primero se la trató con deferencia como presidenta del partido en Asturias, admitiendo a Luis Venta en los órganos de dirección, pero Casado ya pensaba en renovar carteles en casi toda España.

Durante la elaboración de las propuestas de candidaturas, Fernández no supo interpretar bien los mensajes de Casado. Mantuvo apuestas continuistas (Mariano Marín en Gijón, blindó el peso interno de Luis Venta y Agustín Cuervas-Mons) en vez de subirse a la ola de cambio. Cuando fue llamada a Madrid para elegir la candidatura de Asturias, casi todo estaba hecho. Mallada había ido poco a poco ganando predicamento entre sectores empresariales, tenía la afinidad del presidente de la FADE, Belarmino Feito, y su música ya había llegado a la sede de la madrileña calle Génova. Además, la secretaria general de Nuevas Generaciones, la avilesina Reyes Fernández Hurlé, con presencia constante en Génova, tenía claras sus simpatías hacia Mallada y sus discrepancias con Mercedes Fernández.

La presidenta del PP, convencida de que volvería a ser la candidata autonómica, trató de echar por tierra la propuesta de Mallada que planteaban Teodoro García Egea y Javier Maroto (secretario y vicesecretario de organización del PP), y su vehemencia en el rechazo la distanció aún más de la dirección nacional. Hasta Génova llegó incluso, sostienen fuentes del PP, una carta de Ramón Aguirre que advertía de las supuestas debilidades de Mallada.

Ahí se abrió la batalla en el PP asturiano. Las diferencias en Gijón entre Mariano Marín y Pablo González se mezclaron con los antagonismos regionales. Para Mercedes Fernández fue un duro golpe que Casado destituyese a su mano derecha, Luis Venta, acusado de enviar un supuesto anónimo injurioso a Pablo González. Si la cosa va de anónimos, ¿no hay cierto paralelismo de venganza?

La supervivencia de Foro. El partido que inspiró el exministro Francisco Álvarez-Cascos atraviesa horas bajas. Nacido al negarse Rajoy a entregar a Cascos el control del PP asturiano, ha ido perdiendo votantes: casi la mitad entre 2011 y 2015. Su poder territorial ha enflaquecido, pasando de casi 170 concejales en 2011 a unos 70 en la actualidad entre los ediles perdidos o los que han abandonado sus filas.

La maquinaria que rodea a Cascos necesita su supervivencia, principalmente la económica, de ahí que la alcaldesa de Gijón, única baza real del partido, fuese llamada a liderarlo pese a los enfrentamientos pasados con el exministro. Todo se fue preparando para ello, incluida la crisis que acabó con el abandono de la anterior presidenta, Cristina Coto.

Cascos ha mantenido buenas relaciones con aquel PP de cuya historia formó parte. Sus vínculos con Aznar y otros dirigentes, como Esperanza Aguirre, se han mantenido. Incluso se han visto en numerosas ocasiones para hablar de la deriva del partido con Mariano Rajoy. Esa "vieja guardia" del PP vio en Casado la vía para reformular las esencias aznaristas. Casado no lo oculta, reconoce la amistad con el exministro; ante la debilidad creciente de Mercedes Fernández, Cascos ha sabido atraer al nuevo líder del PP a sus tesis.

Esa conexión pudo percibirse en el proceso de designación de candidato, cuando el nombre de Moriyón se colaba en algunas consultas a dirigentes populares. Y en el hecho de que Casado no haya dudado en reeditar el pacto con Foro para las generales pese al declive de la formación. Incluso el presidente popular ha dejado caer que no vería mal una alianza autonómica, que los foristas descartan por mera contabilidad: Foro debe tener grupo parlamentario en Asturias (un mínimo de tres diputados), además del diputado y senador nacionales para que le salgan las cuentas.

Las encuestas no juegan a favor, de ahí que en el plano regional, los foristas prefieran ver a Mallada como rival que como aliada potencial. Una candidata débil en el PP puede hacer que el votante ponga los ojos en la alcaldesa de Gijón. No hay que olvidar el viejo sueño de Cascos: un Foro que fagocitase al PP en Asturias, al estilo de la Unión del Pueblo Navarro. Eso hoy es ya impensable, salvo hecatombe. Pero ¿no favorece el hostigamiento a Mallada, contraria además a las alianzas con los foristas?

Los actores secundarios. Únicamente Podemos ha pasado al ataque directo a Mallada. Forma parte del ADN de los morados atacar cualquier flanco al descubierto del resto de los viejos partidos. En este asunto han reconocido que dos anónimos les pusieron en la pista de la auditoría de Hunosa. ¿Quién los envió? Recurrir a una formación siempre dispuesta a denunciar pública y judicialmente cualquier indicio de corrupción era un movimiento sencillo. El candidato del PSOE, Adrián Barbón, asiste de convidado de piedra al escarnio. Y el de Ciudadanos, Juan Vázquez, pasa de puntillas con un pequeño dardo: se habla de políticas, no de políticos. ¿Ha tenido ocasión Mallada estos días de que trasciendan sus iniciativas o ha estado atareada en tapar vías de agua y en replicar a los ataques presuntamente recibidos?

Para terminar, tres reflexiones. Primero, Mallada debería despojarse del ruido, pero el modo no es exigir por decreto que deje de existir. Segundo, en una campaña con siete partidos, malgasta el tiempo al retrasar el lanzamiento de sus iniciativas para focalizar hacia ellas el debate público. Y tercero, el fuego está en todas partes, pero el amigo es el que te aniquila.

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