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Dos en la carrera / Kilómetro 31

Más intenso, el Sporting

Los rojiblancos superaron con sus propias armas al Oviedo en un partido marcado por las decisiones arbitrales

Al final del kilómetro 31 los dos corredores asturianos de la maratón de Segunda vuelven a estar cerca. Tras su cuarta victoria consecutiva el Sporting continúa aproximándose al Oviedo, del que ahora solo le separan dos puntos. El sueño de los rojiblancos de meterse en el play-off gana verosimilitud, pero no anula el de los azules, que les llevan ventaja. Lejos de cerrar puertas, un derbi que se presentaba como crucial, las mantiene abiertas para los dos. Eso sí, tendrán que aplicarse a correr.

FINAL PASIONAL

Nadie tenía prisa por abandonar El Molinón al final del partido. Unos por necesidad, los seguidores uniformados del Oviedo, a quienes la megafonía había emplazado minutos antes a continuar en sus localidades hasta que recibieran aviso para dejar el campo. Otros, los del Sporting, por gusto, pues querían celebrar una victoria que habían sufrido hasta el borde del síncope. Los jugadores del Oviedo acudieron al corner nordeste para solidarizarse con los suyos, mientras los del Sporting se abrazaban en el centro del campo como si lo que acababan de ganar fuera mucho más que un partido. Ese desbordamiento pasional venía a compensar y, en cierto modo, a maquillar las carencias de un partido que no habría convencido ni mucho menos a un espectador neutral. Claro que la neutralidad tenía mal acomodo en aquel escenario. Un derbi es un derbi.

SUTILEZAS, LAs JUSTAs

Desde el principio estuvo claro que no iba a ser un partido para sutilezas. No iban diez segundos y ya se había realizado la primera falta. A los dos minutos ya se había producido una amonestación, a Cofie, por una entrada a Tejera. A los cuatro minutos el árbitro ya había señalado cuatro faltas. Las disputas de balón eran férreas. No parecía un partido para sutilezas. Y, sin embargo, fue una la que lo acabó decidiendo. Corrió a cargo de Nacho Méndez, cuando, tras desbordar a Tejera, adelantó con precisión, en corto pero en profundo, un balón a Djurdjevic, que pudo entrar en el área por la izquierda para colocar un centro sobre la boca del gol al que acudieron Alegría, Christian y Champagne. No quedó claro quién fue el último que tocó el balón, si el atacante rojiblanco o el defensa azul. Sí que el balón terminó en la red. Y ese gol sería decisivo.

CLAVES DEL ENCUENTRO

Y en cierto modo ese fue un buen resumen del partido, pues reunió en su origen a dos de los hombres clave del encuentro, uno por acción y otro por omisión. Nacho Méndez y Tejera son creadores de juego en su equipo. El oviedista salió sin duda con esa misión. Pero Nacho Méndez lo hizo con la de marcarle. Y sin duda tuvo mucho que ver en que Tejera estuviera desconocido, con una presencia en el juego mucho menor de la habitual. Se sabía de antemano que Sporting y Oviedo eran dos equipos diferentes en su estilo. Que el del Sporting últimamente tendía al juego directo y que el del Oviedo era más compacto. Pero sobre el terreno solo el Sporting mantuvo la identidad que se le atribuía. Jugó como se esperaba. Ese fútbol directo incluía la intención de desnaturalizar el juego del Oviedo. Y logró su objetivo. Ni Tejera ni Javi Muñoz, sustituto de Folch, lograron imponerse en el centro del campo, con lo que el Oviedo pasó a depender en exclusiva del posible acierto de Berjón. Pero la defensa rojiblanca, que había ganado mucha consistencia con la reaparición de Babin, aguantó el envite. El Oviedo llegó poco a puerta y tardó mucho en rematar por primera vez entre los tres palos. Ninguna en el primer tiempo, el periodo en el que el Sporting puso los cimientos de su victoria con ese juego intenso que desnaturalizó el de su rival.

UN PARTIDO DE ÁRBITRO

Una de las novedades del partido era la presencia de una juez de línea, la extremeña Guadalupe Porras. Pero el árbitro no estaba para dejarse robar nada de protagonismo. Lo anticipó pronto, con su prodigalidad en exhibir las tarjetas amarillas, que llegaría a mostrar en doce ocasiones. Pero cuando se situó claramente en primer plano fue en el segundo tiempo, con dos decisiones que penalizaron al Oviedo, al señalarle un penalty en contra y anularle un gol en el minuto 90. Las dos decisiones resultaron polémicas, ya que, como poco, fueron rigurosas. El contacto de Christian con Alegría tras un saque de banda en el que Geraldes metió el balón en el área fue claro, pero quizá no tanto como para merecer la pena máxima. Djurdjevic tuvo entonces la oportunidad de resarcirse de algún lanzamiento de penalty que le habían quitado sus compañeros -en Elche, por ejemplo- y de hacerlo a lo grande, en el partido más especial del año, con más de 26.000 espectadores en la grada. Pero Champagne le adivinó la intención. El 2-0 probablemente hubiera matado el partido. La neutralización del penalty, por el contrario, resucitó al Oviedo, que pasó a dominar y a crear peligro, mientras el Sporting era incapaz de asumir otro papel que el de frontón. Con Ibra y Toché en el ataque el Oviedo tenía, además, por primera vez remate. Toché tuvo una gran ocasión en el minuto 88, pero cabeceó a las manos de Mariño. Y en el 90 fue Ibra quien remató, tras librarse de Peybernes, y llevó el balón a la red. Pero el árbitro anuló el gol al interpretar que el senegalés había dado una patada al francés, que ciertamente había caído antes de que se produjera el remate.

POLÉMICA APARTE

Esas dos decisiones del árbitro, en especial la última, dejarán con toda probabilidad una estela de polémica. El análisis del partido no puede obviarlas. Pero tampoco olvidar que el Sporting, con más combatividad que juego, con más disciplina que inspiración, con más remate también, logró sacar al Oviedo de las casillas de su estilo. El que fue intenso, como le correspondía, fue el partido, un derbi de verdad, con calor en el campo y en las gradas.

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