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Alberto Menéndez

Una pena

El derbi tenía que haber acabado en empate en un partido de mucha tensión y poco fútbol

El derbi tenía que haber acabado en empate. Era lo que, por merecimientos, merecían sportinguistas y oviedistas. Pero, una pena, un grave error del árbitro cuando solo faltaba un minuto para la finalización del encuentro, anulando un gol legal a los azules, terminó desluciendo la gran jornada del fútbol asturiano, acabó ensombreciendo un encuentro que se había desarrollado hasta entonces como cabe esperar de un enfrentamiento de estas características, con mucha tensión y poco fútbol, y con dos aficiones volcadas con los suyos.

En esta ocasión Anquela apostó por el centro del campo más creativo que tiene, decantándose por Javi Muñoz y dejando en el banquillo al hasta ahora intocable Folch. Lo cierto es que el Oviedo tocó mejor el balón que el contrario, pero lo hizo sin apenas peligro en la primera parte. Por otro lado, también es cierto que la ausencia del mediocentro catalán se echó de menos, en ocasiones, en las labores de contención de los oviedistas, como en la jugada que acabó con el tanto marcado en propia puerta por Christian Fernández.

El Sporting, como viene siendo habitual en su racha de las últimas jornadas, dejó el balón a los azules en los primeros 45 minutos, a la espera de alguna contra que, como volvió a suceder ayer (con mucha fortuna ciertamente), le permita marcar. Cambió algo el decorado en el segundo tiempo, más por la ilusión puesta por los rojiblancos que por otra cosa. Hasta el penalti lanzado por Djurdjevic y parado por Champagne. A partir de ese momento el Oviedo cambió el chip y se fue hacia arriba, a lo que ayudó también su entrenador dando entrada a Johannesson, Ibra y Toché, que dieron otro aire al equipo, aunque también es verdad que en el Sporting se notó cierta desmotivación tras el error en el lanzamiento de la pena máxima.

Los últimos diez minutos fueron los de mayor intensidad del Oviedo, con mucha diferencia respecto al resto del encuentro. Toché pudo marcar, pero no estuvo certero con su cabezazo, que atrapó sin problemas Mariño. Quien sí lo hizo fue Ibra, tras un forcejeó con Peybernes en el que si hubo alguna infracción fue del francés, en ningún caso del senegalés.

Una pena, una pena que un error arbitral diera al traste con las ilusiones del equipo y de la afición azul. Y en el último minuto, que duele más.

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