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Nadie estuvo pero todos sabían

La monarquía parlamentaria en España

Si preguntamos a cualquiera de nuestros amigos o conocidos dónde estaban y qué hicieron el 23 de febrero de 1981 nos encontraremos con las más variadas respuestas. En casa, en el ministerio, en el sindicato, en la universidad, en el trabajo, con la familia, en el cine, en el metro? Si añadimos una segunda pregunta, y ¿qué hiciste al enterarte?, la contestación es incluso más prolija: seguir los acontecimientos, tratar de recabar información, quemar papeles por si acaso, averiguar qué hacían los amigos, irme a casa, tranquilizar a la familia diciendo no te preocupes que ya "lo arreglarán"? No hubo ningún desplazamiento masivo hasta las puertas del Congreso como ha sucedido con protestas estudiantiles, cívicas o sindicales ante diferentes organismos o embajadas por diferentes motivos. Estaba en juego la democracia española y secuestrados Parlamento y Gobierno en el edificio del Congreso, y nadie se movió salvo para iniciar vergonzosas huidas marítimas a Francia. "Ya lo arreglarán".

Tuvo que ser S. M. el Rey Don Juan Carlos I, con la inestimable y decisiva colaboración de Sabino Fernández Campo y Francisco Laína, quienes pararon el abominable intento de golpe de Estado. El comportamiento de la sociedad española fue, en general, poco edificante. Eso sí, dos días después, con todo resuelto, más de un millón de personas recorrían las calles de nuevo seguras y democráticas de Madrid.

El origen democrático de la monarquía parlamentaria (el Rey reina pero no gobierna) se basa en el referéndum del 6 de diciembre de 1978 aprobado por una inmensa mayoría (87,78%) y su contribución decisiva al retorno de los partidos y a las libres deliberaciones para adoptar una Constitución y evitando el secuestro de la misma y del Estado de Derecho el 23 de febrero de 1981. El Rey no es poder del Estado, ni titular de la soberanía, sino sólo el supremo órgano de representación que expresa en su figura la unidad y permanencia del Estado revalidado tras cada legislatura y/o cambio de gobierno.

Como señalaba el catedrático socialista exrector de la Carlos III y expresidente del Congreso, Gregorio Peces Barba (q.e.p.d.), miembro de un partido que en su día se declaró "respetuosamente republicano" (Felipe González), "la Corona está por encima y es garantía del pluralismo político, creando un espacio libre por donde todos pueden circular con la fuerza legítima que otorga en cada momento el principio de las mayorías. Al carecer de prerrogativa no compite, no puede crear conflictos con otros poderes como ocurre en las repúblicas cuando concurren una jefatura del Estado elegida por sufragio universal y un presidente del Gobierno elegido desde una mayoría parlamentaria, sobre todo cuando las dos figuras pertenecen a diferentes partidos"... "El valor de la Corona reside en que "la monarquía parlamentaria tiene diferencias esenciales con la constitucional y mucho más con las monarquías preliberales absolutistas, de ahí el que las críticas tradicionales republicanas estén fuera de lugar". ("El País", "El valor de la Corona", 21 enero de 2008).

Juan José Laborda, expresidente del Senado, republicano de pro y también parlamentario socialista, se declaraba en un reciente programa de Televisión Española "monárquico de la Constitución de 1978". Es decir, de la monarquía parlamentaria.

Una España sin monarquía parlamentaria, sin democracia, no hubiese podido nunca activar las conferencias iberoamericanas ni desde luego propiciar ni firmar el código de conducta establecido en la Cumbre de Madrid de Jefes de Estado y de Gobierno Iberoamericanos de 1992. Todo ello complementado por la imagen de S.M. el Rey, cabeza de una monarquía admirada en América como si de una "república coronada" se tratara. Conviene no olvidar que el concepto republicano está tan extendido en América que hasta se ha llegado a decir o utilizar el término "la República del Reino de España".

A pesar de todos los avatares y equivocaciones que últimamente han, desafortunadamente, afectado de una manera u otra a la Corona, la institución monárquica que encabeza ahora S. M. Felipe VI presenta fortaleza y buen balance después de la abdicación de Juan Carlos I. Por ejemplo, un estudio realizado por Metroscopia los días 15 y 16 de junio del 2015 revela que un 81% de los españoles aprueba la forma en la que el nuevo Rey desempeña sus funciones. La mejora con respecto a indicativos anteriores es evidente. Es apreciada la moderación y templanza de sus discursos. Su continua defensa de los valores constitucionales, alineándose con una España plural y diversa en la que caben distintas formas de ser español, el respeto a los derechos humanos y libertades fundamentales, su contacto con el pueblo y su acción en el exterior dirigida a proyectar una buena imagen de España, que es aprobada por el 78% de los encuestados.

La "guinda" ha sido el Premio "Paz y Libertad" otorgado el 20 de febrero del año en curso por la Asociación Mundial de Juristas por su compromiso con el Estado de Derecho. En su día recibieron este prestigioso galardón Winston Churchill y Nelson Mandela, además de otras distinguidas figuras. El Rey estuvo acompañado por una gran representación de personalidades y partidos entre las que destacaban el Presidente de la República de Portugal, Marcelo Rebelo de Sousa, y el expresidente del Gobierno Felipe González.

Felipe VI fue extremadamente claro señalando que "no puede apelarse a la democracia por encima del derecho" y que "sin democracia el derecho no sería legítimo, pero sin derecho la democracia no sería real ni efectiva", y añadió condicionando "pues sin el respeto a las leyes no existe ni convivencia ni democracia". La ovación de los asistentes sobrepasó los dos minutos. En conjunto, un buen y prometedor balance.

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