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Sol y sombra

Niemeyer, años más tarde

Ínfulas seudoculturales, desprecio por el dinero público y mala gestión

Los acusados del Niemeyer cumplían órdenes y los políticos hacían la vista gorda sobre el despilfarro en la gestión porque en el fondo aspiraban a hacerse una foto con Brad Pitt. Lo sabíamos. Los asuntos contables eran lo de menos porque el dinero, siendo público, no es de nadie, como dijo Carmen Calvo. El exdirector del centro cultural avilesino, Natalio Grueso, imputado en supuestos delitos societarios y de malversación, ha mantenido que él no se ocupaba de los detalles, sólo de los grandes conceptos. Jamás ha entendido por qué se le paga de esta manera después de haber puesto, según él, a Avilés en el mapa de la cultura universal.

Sin embargo, salvo con cuentagotas, no se puede decir que haya habido cultura para el disfrute de los sentidos y del conocimiento en el Niemeyer. Sí, en cambio, una especie de famoseo seudocultural al servicio de la propaganda arecista. Los nombres de la programación sirvieron, es cierto, para promocionar la imagen de la ciudad asociada a algunas celebridades del espectáculo y, a la vez, para cultivar una especie de proverbial papanatismo.

Ese arrobamiento por la agenda de Grueso le sigue sirviendo al susodicho para insistir en que él no hacía nada que nadie del Principado o del Ayuntamiento desaprobase. Álvarez Areces, sumo sacerdote de un proyecto con demasiadas ínfulas, ya no podrá explicarse. Cuando tuvo la oportunidad de hacerlo dejó correr el tiempo.Y el tiempo, como sucede con frecuencia, se ha confabulado contra el interés. Las irregularidades en la gestión del Niemeyer y el baile de las facturas se están juzgado seis años después en la Audiencia Provincial. Ha llovido.

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