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Francisco García

Billete de vuelta

Francisco García

Las medidas y cien más

En el ring electoral, Pedro Sánchez busca sacudir el primer mamporro para aturdir al rival, de manera que la respuesta del púgil contrincante, aturdido, sea menos contundente y, en todo caso, reservarse el tercer golpe de un combate que, pase lo que pase, va a resolverse a los puntos. Ya no hay espacio para el KO técnico en el cuadrilátero político español, con más siglas que un documento técnico de la Administración asturiana (la CAMA, la CUOTA, el PERPA, la ZALIA...).

El primer gancho de izquierda va al mentón de la derecha, con la propuesta de dentista gratis; el segundo, al hígado de los ricos, de la mano de una subida de impuesto a las grandes empresas y mayores fortunas para financiar la salud bucodental y el Ingreso Mínimo Vital del Robin Hood del Magariños. Sánchez baila por la lona con la soltura de Cassius Clay, pero pasa de puntillas por el asunto territorial, que sería como propinarse a sí mismo una bofetada al mentón.

Este combate lo gana Sánchez sin despeinarse, con los rivales de la otra esquina enfrascados en disputarse el mismo calzón y las letras doradas del batín. No hay guantes para tanto aspirante, ni herraduras de la suerte.

Estamos por pensar que las 112 medidas electorales del PSOE son realmente cien más: las 112 milongas que se conocen y otro centenar ocultas a beneficio del acuerdo futuro con los nacionalistas catalanes y vascos, que van a ser necesarias, con muchos ceros tras de la unidad, para garantizar a Pedro Sánchez un gobierno estable y suficiente. Y no se preocupen si no salen todas esas medidas juntas: ya las irá desmenuzando a cuentagotas el deslenguado Iceta, cuya incontinencia verbal es tan proverbial como su afición al buggie-buggie.

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