16 de noviembre de 2019
16.11.2019

Jovellanos como ejemplo y modelo

16.11.2019 | 00:36
Jovellanos como ejemplo y modelo

Los gijoneses están de enhorabuena. El Museo del Prado ha decidido que durante un mes permanezca en Gijón uno de los lienzos más estimados del retratismo español, expuesto de manera permanente en la pinacoteca nacional: el Jovellanos de Goya. Desde hace una semana, cualquier persona puede acercarse al Museo Casa Natal a contemplar la imagen melancólica pero adornada de todos los atributos de poder que correspondían a uno de los personajes estelares de una época convulsa que pretendía abandonar el Absolutismo para instalarse en la Ilustración.

Se trata por tanto de un buen momento para reivindicar a uno de los asturianos más ilustres de los últimos dos siglos, aún muy desconocido entre sus paisanos pese a la labor divulgativa que acomete con empeño desde Gijón la fundación que lleva su nombre. Buena ocasión para que, en visitas programadas a la casa-museo del prócer, los escolares conozcan los enormes valores de una figura de tamaño intelectual tan relevante.

Jovellanos es uno de esos personajes cuyas enseñanzas deberían estar presentes en el debate público sin ser manipuladas de forma partidista. ¿Qué cargo público no aprovecha con vana retórica y desde el más palpable desconocimiento la menor ocasión para citar al prócer o utiliza los argumentos del ilustrado torticeramente, para arrimar el ascua a su sardina ideológica? Lo escuchamos en cada campaña electoral, donde todo el espectro político acude, sin el menor rubor, a la alusión directa e interesada de las frases del ilustrado.

No hace falta conocer al dedillo la extensa obra del genial polígrafo ni saberse los entresijos de su en ocasiones tortuosa biografía, pero para demasiadas generaciones de gijoneses Jovellanos no es más que una estatua y la excusa de una ofrenda floral veraniega, alguna placa y una mención en el callejero, el nombre de un colegio y de un instituto de Secundaria, el padrino de foros y ateneos o una breve nota biográfica aprendida en la época escolar. Sin embargo, al faro asturiano de la Ilustración hay que considerarlo una de las figuras más relevantes de la historia de la España contemporánea por su hondura intelectual y cultural, un estandarte de la lucha por la libertad y el progreso en una época de ocupación y de atraso secular. Leer a Jovellanos es obtener sabias enseñanzas para huir de la actual coyuntura crítica de la vida política nacional. Entre otras muchas virtudes, Jovino fue un pensador y un político -cuán difícil es encontrar ambas figuras en una sola en el actual nomenclátor político de este país- que guió su andadura por el camino de la conciliación. Su carácter regenerador debería figurar en el ADN de la clase política local, en un momento en el que también en esta ciudad se vive una evidente polarización entre los planteamientos enfrentados de derechas y de izquierdas. Su prudencia y su sentido común vendrían bien como medicina en un momento de divisiones profundas como las que sufre España, las cuales hacen inviable el sano ejercicio de la sensatez.

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