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El espacio sagrado en un contexto secular

Las dos dimensiones constitutivas del ser humano: horizontal y vertical, comunitaria y trascendente

La Insigne Academia Pontificia de Bellas Artes y Letras de los Virtuosos en el Panteón, en Roma, es una de las muchas entidades que existen en la Iglesia para servicio de la cultura en su irrompible relación con la fe. Tiene la finalidad de fomentar el estudio, el ejercicio y

Los académicos virtuosos ordinarios se agrupan en diversas clases: arquitectos, pintores, cineastas, escultores, estudiosos de disciplinas artísticas, músicos, poetas y escritores. Y lo fueron, en su día, Pietro da Cortona, Diego Velázquez y Francesco Borromini. Es, por otra parte, una de las siete academias coordinadas por el Pontificio Consejo de la Cultura, que preside, en la actualidad, el cardenal Gianfranco Ravasi.

El arquitecto suizo Mario Botta es, por designación de Benedicto XVI, miembro de la Academia de Virtuosos en el Panteón desde 2013. Cuando el año pasado le fue otorgado el premio Ratzinger 2018, el Papa Francisco dijo en el acto de entrega del diploma: "El esfuerzo del arquitecto, creador del espacio sagrado en la ciudad de los hombres, tiene un enorme valor y debe ser reconocido y alentado por la Iglesia, especialmente cuando existe el riesgo del olvido de la dimensión espiritual y de la deshumanización de los espacios urbanos".

En la trayectoria profesional de Mario Botta, la construcción de edificios religiosos le ha conferido gran prestigio internacional. Un documental realizado por Loretta Dalpozzo y Michèle Volonté con el título "Mario Botta: The Space Beyond" (Mario Botta: Más allá del espacio) muestra esta veta tan señalada de su quehacer arquitectónico, así como el origen y el desarrollo de algunas de sus obras: varias iglesias y capillas, y una sinagoga. Está construyendo una mezquita en China. Botta es tal vez hoy el representante más conspicuo, no digo que sea ni el único ni el mejor, de una muy peculiar sensibilidad artística, que se pone enteramente, con toda su fuerza creadora, al servicio del lugar de la Presencia, que es, por su potencia generadora de vitalidad interior y de cohesión social, el verdadero corazón de la ciudad secular, aunque esta no sea, en ocasiones, ni mínimamente consciente de ello.

Los arquitectos del espacio sagrado, que no son muchos, aunque haya infinidad de arquitectos que proyecten edificios religiosos, aspiran a unir en un punto las dos dimensiones constitutivas del ser humano: horizontal y vertical, liminar e infinita, comunitaria y trascendente, contingente y eterna. Y a que sean simultáneamente vivibles en ese ámbito, separado de la cotidianidad y, a la vez, inmerso en ella, en el que lo divino y lo humano se encuentran, de forma misteriosa, coadyuvados por la sugerente coexistencia de luz y penumbra, gravedad y levedad, planimetría y evocación, opacidad y transparencia.

Se dice que el vocablo latino "spatium", que significaba, en su origen, tiempo de espera entre dos momentos temporales, siendo luego aplicado a la distancia que media entre dos puntos geográficos, se halla vinculado a la misma raíz indoeuropea que "spes", es decir, esperanza. Y es que espacio y tiempo están inseparablemente unidos, quedando patente esta inextricable vinculación en el templo, y, sobre todo, en la liturgia celebrada en él, pues esta es reminiscencia de las acciones portentosas realizadas por Dios en el pasado y anticipación de las aún más extraordinarias que obrará en el futuro, en la escatología, cuando Cristo vuelva gloriosamente al final de los tiempos.

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