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La difícil estabilidad política del Gobierno PSOE-Podemos

Las negociaciones para la investidura a partir de las traiciones de ERC a los ejecutivos de España durante la II República

Si el Gobierno que se forme entre PSOE y Podemos va a depender de la abstención o de los apoyos de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) está destinado al fracaso, pues este partido se ha caracterizado históricamente por traicionar a los gobiernos de España durante la II República. ERC formó

El Frente Popular, integrado prácticamente por las mismas fuerzas políticas que han apoyado la moción de censura contra Rajoy, con las que ahora se pretende formar Gobierno, pero sin Azaña, liderado por el PSOE de Largo Caballero, no sólo indultó al Gobierno de la Generalitat por la citada rebelión militar, que dejó impune, y restauró la vigencia del Estatuto, sino que incorporó a seis ministros de ERC, entre ellos a Companys, presidente de la Generalitat, y a varios anarquistas, a todos los siete gobiernos del Frente, introduciendo el caballo de Troya contra la República, a la que, a pesar de haberles perdonado e incorporado al gobierno de España, traicionaron (la palabra traición es de Azaña) durante la guerra civil, como denunciaron el presidente del Gobierno, Juan Negrín, en noviembre de 1938, con ocasión del Consejo de Ministros celebrado en Pedralbes; y el propio Azaña, presidente de la II República, en los excepcionales artículos escritos en Collonges-sous-Saléve (Francia) en 1939: "Cataluña en la guerra, y la insurrección libertaria y el eje Barcelona-Bilbao", que quizá fueran los más amargos y acaso también los más lúcidos, sobre la traición a la República de los independentistas catalanes en la guerra civil, a la que también se había referido en su excelente "Velada de Benicarló", en los que acusa expresamente de traición a la Generalitat; y en la anotación del 19 de septiembre de 1937 en el "Cuaderno de la Pobleta", en el que relata el duro encuentro en Valencia con Pi y Suñer, su amigo y conseller de la Generalitat, al que conocía cuando era alcalde de Barcelona, al que le reprocha duramente que Companys no se había privado de ninguna trasgresión ni de ninguna invasión de las funciones del Gobierno de la República.

En los anteriores textos escritos por Azaña, revela que la Generalitat, presidida por ERC, y la CNT, asaltaron la frontera, las aduanas, el Banco de España, Montjuic, los cuarteles, el parque, la Telefónica, la Campsa, el puerto, las minas de potasa, crearon la consejería de Defensa, se pusieron a dirigir su guerra que fue un modo de impedirla, quisieron conquistar Aragón, decretaron la insensata expedición a Baleares para construir la gran Cataluña de Prat de la Riba. Relata Azaña que la Generalitat ha vivido "en franca rebelión e insubordinación y si no ha tomado las armas para hacer la guerra al Estado será o porque no las tiene o por falta de decisión o por ambas cosas, pero no por falta de ganas". Azaña sigue con sus acusaciones: delegaciones de la Generalitat en el extranjero, creación de la moneda catalana, creación del ejército catalán, al considerar que el ejército de la República era un ejército de ocupación; y una referencia al eje Bilbao-Barcelona que en aquel contexto hay que entenderlo no como un eje contra Franco sino contra el propio Gobierno de la República. Azaña protesta por la expulsión de Barcelona del acorazado inglés Nelson, y lo atribuye a las intenciones de Cataluña de actuar como nación neutral en la Guerra Civil. Cataluña habría tratado de llegar a la paz con Franco circunscrita a los países catalanes. Todos los establecimientos militares de Barcelona quedaron en poder de las "milicias antifascistas", controladas por los sindicatos. La policía de fronteras, las aduanas, los ferrocarriles, y otros servicios de igual importancia fueron arrebatados al Estado. La Universidad de Barcelona se convirtió en "Universidad de Cataluña". Hasta el teatro del Liceo, propiedad de una empresa, se llamó Teatro Nacional de Cataluña. (En él se representaban zarzuelas madrileñas y óperas francesas o italianas, ironiza Azaña). El gobierno catalán emitió unos billetes, manifiestamente ilegítimos, puesto que el privilegio de emisión estaba reservado al Banco de España. Los periódicos oficiosos de Barcelona comentaron: "Ha sido creada la moneda catalana". También aquel gobierno publicó unos decretos organizando las fuerzas militares de Cataluña. Azaña califica el programa de Companys como el programa ampliado de la revolución del 6 de octubre de 1934, por el que Companys había sido condenado a treinta años de cárcel por el Tribunal de Garantías Constitucionales, el equivalente al actual Tribunal Constitucional.

En los tiempos de mayor desbarajuste, continua Azaña, subyugado el gobierno catalán por la CNT, pactó con los sindicatos un decreto de militarización, concediendo en cambio que ciertas industrias serían oficialmente colectivizadas. La colectivización y ruina de las industrias y fábricas de material de guerra en Cataluña, desarmaron al gobierno de la República. En cierta ocasión, el gobierno catalán suspendió o prohibió la fabricación de un pedido contratado directamente por el gobierno de la República. Hasta septiembre de 1938 no se decidió el Gobierno Negrín a militarizar, sometiendo al ministerio de la Guerra, las fábricas de material. En su artículo "La Insurrección libertaria y el Eje Barcelona-Bilbao", Azaña, decepcionado, que había sido el autor y brillante principal defensor del Estatut en 1932, escribió: "Los hechos parecen demostrar que, con monarquía o con república, en paz o en guerra, bajo un régimen unitario y asimilista o bajo un régimen autonómico la cuestión catalana perdura como un manantial de perturbaciones, de discordias apasionadas, de injusticias. Es la manifestación aguda, muy dolorosa, de una enfermedad crónica del cuerpo español", asumiendo así el criterio de Ortega y Gasset cuando en el debate de 13 de mayo de 1932 sobre el Estatuto de Cataluña, sostuvo que el particularismo independentista catalán era una enfermedad incurable.

En la primavera de 1938, en un rapport del Estado Mayor, se afirmaba que, perderse Madrid, Valencia y toda la zona centro-sur de la Península, no significaría haber perdido la guerra, porque desde Cataluña podía emprenderse la reconquista de toda España. En realidad el mismo Azaña ya daba por perdida la guerra en esa fecha, pero el desarme y la traición del catalanismo de izquierdas precipitaron la derrota de la República el 1º de abril de 1939, que podría haber resistido sin muchas dificultades cuatro meses más hasta el comienzo de la segunda guerra mundial con la invasión por Alemania de Polonia y de los Sudetes de Yugoslavia en septiembre de 1939, lo que hubiese salvado a la República al quedar al lado de las democracias occidentales, que era el objetivo primordial de la política de resistencia del presidente Negrín, frustrada por el independentismo catalán liderado por ERC.

Recientemente el historiador J. F. Fuentes ha revelado que los separatistas catalanes Nosaltres Sols, liderados por ERC, de posiciones abiertamente racistas, ahora admirados y denominados por Torra como "pioneros de la independencia", mantuvieron contacto poco después de la victoria del Frente Popular y en plena guerra civil con Hitler, ofreciéndole colaboración y grupos armados para que apoyara la independencia de Cataluña, destacando las similitudes históricas entre el pangermanismo y el pancatalanismo. Antes del estallido de la Guerra Civil Española, los mismos separatistas catalanes ofrecieron bases militares a la Alemania nazi en un futuro Estado Catalán a cambio de recibir entrenamiento en "manejo de aviones y en la preparación de explosivos". En plena Guerra Civil, los partidos nacionalistas catalanes, liderados por ERC, y vascos, intentaron pactar una paz por separado con la mediación de Inglaterra y Francia. A cambio, pedían que los aliados les garantizaran, ante el ejército franquista, la independencia de Cataluña y el País Vasco. Los nacionalistas catalanes envían a Inglaterra un memorando en el que ofrecen la creación de un protectorado anglofrancés sobre el Cataluña y el País Vasco, con la incorporación de Baleares y Valencia. En marzo de 1938, hicieron un trabajo conjunto para presentar una propuesta de paz a Inglaterra y Francia que consistía en que si se les daba prácticamente la independencia, entregaban Madrid a los golpistas de Franco.

En estos momentos difíciles, antes de que el PSOE empezara a negociar la investidura con ERC, ya el líder de hecho de este partido, vicepresidente de la Generalitat, ha alentado las movilizaciones y los cortes de carreteras en Cataluña, traicionado así una vez más al nuevo gobierno que pueda formarse. Como militante socialista veterano que ha dedicado más de media vida a la reivindicación histórica de Juan Negrín, presidente socialista del Gobierno de la II República, ilustre estadista y científico, maestro de grandes maestros, creo que el Gobierno que formen Pedro Sánchez y Podemos, con el apoyo o abstención de ERC, será prácticamente inviable, opinión, al parecer, aislada en el PSOE, por lo que no lo apoyé en la anunciada consulta a la militancia socialista, aunque celebraría equivocarme, para bien de este más que centenario partido, y, sobre todo, de España.

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