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Alejandro Ortea

Varadero de Fomento

Alejandro Ortea

Belenes y noches al raso

Portales navideños y gente que duerme en otros portales

Una asociación de belenistas lleva unos cuantos años montando su belén en el recinto municipal del Antiguo Instituto. Y estos días han montado otro porque, también al parecer los gobernantes municipales no les garantizan que lo puedan hacer el año próximo. A uno le agradan y gustan de alguno de estas representaciones en miniatura, como de niño disfrutaba de uno que ponían en el Sanatorio Marítimo o se iba hasta la Pola a contemplar otro primorosamente instalado. Otra cosa es que, siendo como son la expresión de una confesión religiosa en particular, se hayan de colocar en una instalación pública: los fervorines místicos son propios de otros lugares, a no ser que los primores artesanos se conviertan en una obra artística que merezca figurar en un museo, sea este público o privado. Por ejemplo, hay en Valencia un museo dedicado a los soldaditos de plomo en el que se recrean escenas bélicas de todos los tiempos y también está repleto de vitrinas con figurillas primorosamente realizadas. Volviendo al asunto de los belenistas es lógico que quieran montar su belén, pero que lo hagan fuera de instalaciones del ayuntamiento o de cualquiera otra administración pública. Será un placer contemplar el resultado de su trabajo y del cariño que ponen en él, pero en el lugar en el que deben estar.

Unas cuantas entidades se han preocupado en contar las personas que en nuestra feliz y despreocupada villa marinera duermen en la calle. El resultado fue un titular: ciento cuarenta y dos y, de ellas, setenta y ocho lo hacen al raso. Luego ya es cuando vienen los señores concejales contando cuentos chinos de la necesidad de rentas sociales, empresas municipales de vivienda y demás fruslería. Habrá quien lo considere como un porcentaje y le saldrá un cero coma cero y dirá que son pocos y lo bien que funcionan los sistemas de protección. Con perdón, a mí se me hacen muchos, demasiados y queda el sentimiento de que algo falla. Y si no lo hacen más es porque hay instituciones de caridad que acogen a muchas personas. Puede haber algún caso suelto de personas que prefieran tal modo de vida, pero no llegarán a la media docena, el resto es porque no encuentra solución de cobijo nocturno. Tenemos un fallo como sociedad y los gestores de la vida ciudadana son los responsables primeros de esa situación y si con sus burocracias se levanta algún impedimento para corregir la situación, su deber es levantar esas barreras invisibles o ignotas por ahora para que la situación cambie.

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