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Diario pop

El mejor orgasmo del año

Brotan nuevos lenguajes del placer

Dice la gran columnista La Becaria que el satisfayer es el último cíclope de la modernidad. Y por supuesto que lo es. Se trata de un cíclope capaz de emitir ondas expansivas, casi gravitacionales, en las que se transmite información: todo un lenguaje del placer que logra sofisticar los soliloquios del sexo. El satisfayer es como un motor inmóvil que ilumina la vida sexual de las mujeres o, si me apuran la exageración, el Hal 9000 que las desconectará a todas de los hombres igual que se arranca un enchufe de la pared.

Aquel simio que lanzó un hueso al aire en la película de Kubrick no podía llegar a saber que lo que el espacio le devolvería miles de años después no era una estación espacial, sino un consolador capaz de lograr el orgasmo en tan solo dos minutos. La metáfora que equiparaba la tecnología con la violencia no incluyó el placer, o quizá es que el placer es otro tipo de violencia. Creemos que el simio de Odisea en el Espacio era un varón y no una hembra, quizá porque el hombre desde que Caín mató a Abel con la quijada de una mula siempre nos convoca a una guerra.

Así que iba yo a comprar el pan cuando descubrí el satisfayer masculino en una tienda de juguetes eróticos del centro de Gijón. La promoción estaba protagonizada por el inefable Rocco Siffredi: ya saben, 5000 películas, 1800 mujeres y un "mejor orgasmo del año". En realidad, el resultado me pareció bastante pobre, después de tantas películas y de tantas mujeres y, sobre todo, en comparación con el Satisfayer femenino que garantiza "el mejor orgasmo del año" siempre. Pero ahí estaba el adonis, como el arcángel San Miguel, sosteniendo el arma definitiva, la réplica masculina que desconectará también al hombre de cualquier mujer, arrancándolo de ella como quien arranca otro enchufe de la pared, dispuesto a partir de ahora a mantener un monólogo consigo mismo.

El satisfayer es al sexo lo que el botón rojo a la guerra nuclear. Una sofisticación tecnológica dentro de unas pautas heteropatriarcales que lentamente se rompen. No soy un posthumanista, pero está claro que el tecno-capitalismo tiene sus ventajas. Me gusta pensar que probablemente, el satisfayer no logre descolonizar al heteropatriarcado pero sí debilitarlo, estableciendo nuevos lenguajes del placer, una emancipación compatible con el cuerpo de un hombre, una ensoñación del siglo XXI basada en el mejor orgasmo del año.

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