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Por una ruralidad habitable

Reflexiones breves sobre el libro "La ciudad agropolitana. La aldea cosmopolita"

Enredada entre labores de poda y futuribles desafíos del trabajo en el campo llega hasta mis manos el último libro de Jaime Izquierdo. En la dedicatoria que me hizo tras la presentación que tuvo lugar en el Club Prensa Asturiana el pasado 21 de octubre me pedía opinión sobre el mismo. Tomándome en serio su solicitud y tras su lectura me debatí entre el sentimiento de orgullo por su confianza y de responsabilidad por el desafío. Finalmente me decidí a hacerlo porque no puedo, no quiero, dejar de comunicar que cada idea del apasionado texto se ha convertido en una ventana abierta para mí. Tras un intercambio de correos con el autor decidí también hacer pública una opinión de urgencia que evolucionó hacia reseña breve.

Y esto es porque el despejado diagnóstico de "La ciudad agropolitana. La aldea cosmopolita" no sólo hace visible la "disfunción" actual del campo y sus causas sino que visibiliza también el desconcertado periplo de muchos emprendedores, como yo misma, agricultora especializada y, aunque profusamente aspirante a campesina, desorientada por el "ruido" y la "metralla" urbana que llueve sobre el campo.

Qué decir de la narración?, pletórica de términos con vida propia que juegan armónicamente para poder seguir el ritmo de los conceptos: "colmatándose", "enjambre ruidoso de yoes"? Debería parafrasear el texto con mis propias palabras pero no parece posible, se imponen las ideas, agradecidas presas de su forma, creando un mosaico condensado: "La ciudad ha estallado llenando el campo de metralla urbana"? su futuro sólo existe como "un regreso a casa", sustituyendo "la economía de escala" por una "economía de alcance", tarea no exenta de grandes dificultades que hay que llevar a cabo "sin nostalgia y sin amnesia".

La ciudad agropolitana como concepto "eutópico" -o lo que es lo mismo de buen lugar- requiere "nuevas actitudes y aptitudes ciudadanas", sensibilidad para ser "biculturales" -urbanos y rurales-, "llegar a lo deseable a través de lo existente" pensando "como nunca si no queremos caer en el error de pensar como siempre". La receta para nuestro "déficit de campo" es "el arte de recrear"? "la estética? la intendencia? y la ética", "volver a encontrar bajo las piedras el secreto de las fuentes".

La aldea cosmopolita, "sociedad de lugares" habitada por "seres ecodependientes" cuya "responsabilidad individual hacia lo colectivo y comunal" la convierte en "activadora de la biosfera" y cuya relación con "la naturaleza real" rescatará a "la aldea del presente" "descoyuntada y apática", "herida y desatenta", protegiéndola del "ruido" y del "avance de lo bravo".

La propuesta de Jaime, "tarea inédita" y necesariamente subversiva: la de "un nuevo orden local que contribuya a un nuevo orden global": "concertar" la "economía de resistencia" de las aldeas para orientarlas hacia la "re-existencia", desviando las miradas "miopes, prejuiciosas e impertinentes" para "crear valor" y "querencia".

Aladino Fernández, en su prólogo, llama al autor "filósofo del campo". Siendo lo mismo, yo utilizaría, de nuevo, sus propias palabras para decir: filósofo de la vida en busca de "la ruralidad perdida" como "asociación orgánica entre cultura y naturaleza".

Me identifico ahora, plenamente, con el impulso transformador del "aldeonauta" en sintonía con otros aldeonautas. Donde antes veía una revolución individual, ya siento el deseo de lo colectivo. ¡Gracias, Jaime Izquierdo, por tu "afectiva" y "efectiva" inspiración!

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