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No me equivoqué

La abstención del PSOE en 2016 para permitir la investidura de Rajoy no fue un error

El 24 de Octubre de 2016, cuando me abstuve en la investidura de Mariano Rajoy, no me equivoqué.

Acertamos los socialistas absteniéndonos para impedir la repetición electoral por tercera vez. No pudimos evitar la desafección política de la ciudadanía hacia nuestro sistema político, pero la ralentizamos. Y evitamos fragmentar, más aún, la representación política y el aumento de radicalismos y populismos en el Congreso. Un dato significativo al respecto. En aquella sesión, en la que Rajoy fue proclamado Presidente, la Cámara aprobó por unanimidad una condena contra la violencia de género. Hoy no sería posible.

Acertamos también al exigir que se combatiera la desigualdad con un aumento significativo del salario mínimo, prácticamente congelado a lo largo del anterior mandato popular. Tendencia que acertadamente se mantuvo corregida y aumentada en la presidencia de Pedro Sánchez.

Los viejos socialistas nos habían enseñado que "primero España, después el PSOE y por último los que militamos" (Ramón Rubial) y procuramos seguir sus sabios consejos. Y como partido con sentido de Estado y lealtad constitucional, condición solo compartida con el PP y lo que queda de Cs, actuamos posibilitando un gobierno del partido más votado. Lamentablemente ni populares ni los de Ribera tuvieron la misma altura de miras ni en la actual legislatura ni en la anterior. Les corresponde ahora examen de conciencia y dolor por los problemas que ese pecado está produciendo en nuestro país.

El principal, que algunas partes estén imponiendo al resto de España sus exigencias particulares.

El ejemplo más sencillo. Creo que Teruel necesitaba una respuesta a sus problemas por parte del conjunto de los españoles. Deploro que la solución a sus exigencias pueda entenderse más como un chantaje que como muestra de la necesaria solidaridad entre territorios.

Acerté ayudando a dotar de gobierno a España. "Es el primer deber de los diputados electos", le recordé a un compañero en el intenso debate que se produjo en el Grupo Parlamentario

Socialista antes de tomar la decisión. Defendía él que nos habían elegido para que el PP no gobernara. Le corregí en dicho sentido. En el mismo que se pronunciaron acertadamente las voces socialistas más autorizadas después de las dos últimas convocatorias electorales.

Por tanto ¿en qué me equivoqué? Dicho sea además con total lealtad al PSOE. La fidelidad a unas siglas y a un proyecto se demuestra más desde la discrepancia que desde el asentimiento ciego. También lo aprendí de un histórico militante, Valentín Prieto, de Mieres. "Pagar la cuota, defender con pasión tus ideas en los debates y acatar después la opinión de la mayoría, son las obligaciones esenciales de un militante socialista".

Pues eso.

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