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Futuro Europa

Fondos europeos para digitalizar Asturias

Las posibles consecuencias para el Principado de los próximos recortes en el presupuesto de la UE

Señales de alarma desde Bruselas: vienen tiempos difíciles para las cuentas comunitarias. Y esto lo podemos sufrir aquí, en Asturias, porque los recortes que se avecinan podrían afectar al capítulo agrario y a los fondos de cohesión, que se dedican a corregir los desequilibrios socioeconómicos y a impulsar un desarrollo

La salida británica de la UE va a suponer un agujero en la aportación a la caja común. Se abre un semestre de duras negociaciones, que probablemente continuarán hasta el otoño. Charles Michel, presidente del Consejo de los 27, está haciendo una ronda de consultas para preparar la cumbre extraordinaria del próximo 20 de febrero, en la que se dará la señal de partida para la gran discusión sobre el reparto del pastel.

¿A qué tenemos que estar atentos? Pues a lo que decíamos al principio, porque la Comisión Europea ha puesto encima de la mesa un recorte del 11% en los Fondos de cohesión y del 15% en los fondos agrarios (FEAGA y FEADER). Las previsiones de mayor gasto están en defensa, seguridad e investigación. Los países más duros (Holanda, Austria, los escandinavos?) pelearán para mantenerlos, mientras que los "amigos de la cohesión" (una quincena de países del este y del sur, entre ellos España) batallarán para salvar en lo posible los Fondos.

El Parlamento Europeo debe dar el visto bueno a las cuentas, así que ahí tenemos una pelea importante. Los partidarios de la cohesión necesitamos posiciones de partida firmes. Nos jugamos mucho. El impacto por la merma de fondos agrarios y de cohesión puede ser elevado.

Desde luego, la lógica no puede ser que hay que aguantarse porque el Brexit es el Brexit. Al revés: precisamente hay que ayudar a los que más riesgo tienen de sufrir el Brexit. Las regiones con dificultades deben sentir la protección europea, tienen que notarla. Cuando el paro, especialmente el juvenil -en Asturias y en el resto de España- es uno de los más altos de Europa, hay que tomar medidas para ayudar a las personas.

Nuestra industria se enfrenta a dos grandes transformaciones: la verde y la digital. En el contexto de la descarbonización, se ha creado un fondo de ayuda a los países más atrasados, el Fondo de Transición Justa, al que, por cierto, exigimos que además de tener en cuenta los empleos vinculados al carbón y a las industrias contaminantes, asuma criterios de despoblación y paro: se trata de no castigar a las regiones que ya han hecho la transición a un coste muy elevado, como le dije hace unos días en Bruselas a la Comisaria responsable.

Lo que queremos ahora es que se tenga en cuenta el impacto de la digitalización. En momentos de ajustes presupuestarios, necesitamos ayudas europeas -y gastarlas bien, cosa que no siempre ha ocurrido- para que los ciudadanos adquieran las competencias que necesitan. Reorientar un perfil profesional, aprender lo que no se aprendió en los años de estudio? la formación constante es imprescindible.

Asturias, que ha perdido población y cuyo tejido industrial tanto ha sufrido, tiene que beneficiarse de estos mecanismos. Con proyectos de digitalización de la industria y del medio rural, los jóvenes -y las mujeres- pueden adquirir los conocimientos necesarios y ser protagonistas activos en la transformación económica y social.

El capital humano es nuestro recurso más importante. Nos preocupa que no se destinen los recursos suficientes para mejorar su formación digital y que no haya suficientes oportunidades para que los jóvenes más brillantes desarrollen aquí todo su potencial.

Las pymes, columna vertebral de la economía, tampoco pueden quedarse al margen de la gran corriente de la transformación digital. Es fundamental que la propuesta de la Comisión tenga en cuenta sus especificidades, convirtiéndolas en actores fundamentales de este cambio.

Europa es, entre otras cosas, un marco de oportunidades. Las nuevas tecnologías -para resucitar el campo y para movernos hacia la industria 4.0- son nuestras armas, y la defensa de los fondos estructurales es clave. Como mínimo, tenemos que asegurarnos de que los fondos que lleguen tengan la mayor utilidad posible y que atiendan las necesidades de las zonas despobladas y las de los jóvenes. Ese es, desde luego, mi compromiso en la gran batalla del presupuesto europeo que se avecina.

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