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Francisco García

Billete de vuelta

Francisco García

Apología del franquismo

La abuela de mi amigo Manolín, de procedencia aldeana, mujer que fue de campo y de rosario y misas de guardar, suele decir, cuando aprieta la sequía, que si no fuera por los pantanos que mandó construir Franco se moriría de sed la España de secano sometida con frecuencia a

Cada vez que el Gobierno o los satélites que a su alrededor orbitan desentierran al dictador, en este país se arma la marimorena. No contentos con desenterrarlo de la tétrica cripta, ahora pretenden castigar penalmente a los apologetas del anterior régimen. Se trata de un asunto poco banal y sí de notable enjundia, porque supone ampliar la protección de otros bienes jurídicos en detrimento de un derecho fundamental como es la libertad de expresión, que consagra la Constitución.

Es lo malo de la democracia, amiguitos, que permite amparar dentro de la libertad de expresión la divulgación de ideas que incluso contradigan el principio democrático. De manera que tan anticonstitucional es castigar la apología del franquismo como enchironar a unos titiriteros de lengua larga. O estamos con la libertad de expresión o con la censura. La izquierda de este país solía alinearse con la primera y denigrar a la segunda. Hasta ahora.

Para ocultar que algunas de las medidas que propugna muestren a las claras su papel censor, el Estado suele recurrir a sutilezas a modo de recomendación para que la gente se autocensure. Parece el caso de esta nueva ocurrencia de pacotilla, que no se sostiene salvo en la evidencia de un intento de desviar la atención, con Franco y su tropa como muñecos del pimpampum.

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