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José María de Loma

El cafelito

La sentencia que avala que las empresas descuenten las pausas para el café o para fumar del horario de trabajo

El rato del bocadillo fue una conquista laboral. Es un derecho. Y si no, que se lo digan a usted, querido lector mañanero, que degusta esta columna y el café (templada la leche por favor) en la cafetería de siempre, esta, que está al lado de su oficina. Todo el

Echa el bocata el obrero, echa una tostadita el funcionario, echa un café a deshora el abogado y echa un tentempié el más pintado.

Nadie aguanta de ocho a tres sin pausa. Ni de nueve a dos ni de diez a una. Sale el dependiente de comercio ufano en hora de poca afluencia y repone fuerzas con un curasán. Mermelada de naranja amarga, por favor. En no pocos convenios viene que los veinte minutos (todo el mundo sabe que en España veinte minutos quiere decir media hora larga) de la pausa matutina están incluidas en el horario laboral. Sin el desayuno con los compañeros, las empresas serían ruinosas, empleados no socializados, rivalidades no cicatrizadas, enconos, hambre que pone de mal humor. Cómo va a ser lo mismo que te atienda en ventanilla un señor o señora de buen humor que un gruñón hambriento. Qué sería de los bares, por Dios y por san descafeinado bendito sin los desayunos de oficinistas. En fin, ahora, la Audiencia Nacional, que no tiene nada mejor que hacer, avala que se le descuente al proleta el rato del café y el cigarro. La Audiencia no refrenda vicios, le ha faltado decir a la sentencia. Vaya. Pagan justos por fumadores, sí. Pero no es lo mismo, y todos sabemos dónde está el sentido común, la gente que a lo largo de toda una mañana sale una vez a fumar o a tomar café, o a las dos cosas juntas, que el que se pasa media mañana de escaqueo echando humo. O cafeína. En la mayoría de las empresas está bien resuelto el asunto. La costumbre acaba siendo ley pero no es bueno que la ley meta las narices en nuestras costumbres. "En todos los trabajos se fuma", rezaba un viejo dicho de los currantes que apelaba a la importancia de la flexibilidad, que suele lograr mayor productividad. Lo importante es rendir, no estar calentando silla. Todos conocemos a un asceta, no se levanta de la silla jamás, que no perderá el tiempo fumando pero sí en cotilleos.com, en Actualidad para Zurdos o en "Diez sitios del mundo que no te puedes perder si te compras una pamela y tienes una semana libre". O haciendo la lista de la compra o abusando del teléfono, Pepe, echa el arroz en diez minutos que salgo para casa. Un cortadito, Manolo.

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