Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Fernando Morán y "la gran galopada" europea

Un recorrido por la trayectoria de un personaje que debe quedar en la memoria para rescatar a Europa del olvido de su historia

Uno de los recuerdos más intensos de mi trayectoria política, y que recreo con cierta frecuencia con emoción y con el orgullo de haber estado allí, es el de una mañana primaveral, un tanto fría y soleada, en Madrid.

Tenía 22 años y era uno de esos jóvenes procedentes de la Universidad que emergíamos a la superficie de la política en una legalidad estrenada un año antes, desde la clandestinidad de los años setenta del PSOE renovado. Por aquella época ostentaba la responsabilidad de primer secretario de la agrupación ovetense, y la de miembro del comité federal del PSOE.

Aquel 30 de abril de 1978 nos congregamos a primera hora en el Palacio de Congresos, sito al otro lado del estadio Santiago Bernabéu, un nutrido grupo de dirigentes del PSOE y del PSP para celebrar una sesión extraordinaria de nuestros respectivos órganos máximos de dirección. En efecto, en una sala nos reuníamos el comité federal del PSOE, y en otra la comisión permanente del PSP, para ratificar los acuerdos de unificación entre el PSOE y el PSP. Adoptados dichos acuerdos, todos los integrantes de ambos órganos desfilamos ante un notario para firmar y formalizar nuestra conformidad con la unificación en escritura pública.

Finalizado el acto de firma, nos congregamos en la grada de la parte trasera del escenario del gran salón de plenos del Palacio de Congresos, para participar, como privilegiados testigos "figurantes", en un acto político multitudinario, para solemnizar la Unidad Socialista, al que asistieron más de dos mil personas y una gran representación de los medios de comunicación españoles y europeos, en el que intervinieron, como oradores y "padrinos" de la unidad socialista, Felipe González Márquez, Enrique Tierno Galván, François Mitterrand, Mário Soares, Bettino Craxi, y enviaron su saludo Willy Brandt, Olof Palme, Bruno Kreisky y otros dirigentes de la Internacional Socialista.

En aquel acto político, y como fruto del acuerdo de unificación, fue presentado, con brevedad, el diplomático Fernando Morán López como candidato del PSOE unificado con el PSP a unas elecciones parciales al Senado que debían celebrarse en Asturias en el mes de mayo siguiente.

En los días posteriores tuve la ocasión de compartir muchos momentos con el candidato Morán, al que acompañé, apoyé y asistí, con otros militantes y algunos exdirigentes provenientes del PSP, en varios viajes y actos electorales por la geografía asturiana.

Desde mi juventud provinciana, poco "viajada", contemplaba y escuchaba con absoluta fascinación a aquel personaje, con pajarita, un tanto despistado o abstraído, sabio e irónico, que nos observaba con curiosidad y cierta sorpresa o extrañeza, escudriñador de cejas pobladas, "con un pitillo apagado entre los labios", que en su recorrido por "caleyes", aldeas, pueblos y villas asturianas, pequeños rincones agrarios y pesqueros pintorescos, valles mineros o comarcas industriales, siempre llevaba doblado uno o varios periódicos, para mucha gente desconocidos, como el "Herald Tribune", "The New York Times", "The Times", "Le Monde Diplomatique" o el "Financial Times". Lo paradójico es que en muchos de sus discursos o mítines, subido a un "carromato" en improvisado escenario, citaba datos económicos o de política internacional extraídos de los citados periódicos, y hasta llegaba a recomendar la lectura de alguno de sus artículos, a un público -algunos con boina calada, muchos de ellos militantes socialistas históricos, obreristas y luchadores antifranquistas- que con estupefacción y gran orgullo le observaba como quien escucha a un docto predicador cargado de conocimientos, vivencias y relatos, llegado de ultramar o de "las antípodas".

Se trataba de una militancia veterana y obrera, y llena de generosidad. Aquellos hombres y mujeres querían ser representados por alguien que estuviera a la altura de los nuevos retos de España y del mundo, y se sentían orgullosos de ofrecer a la sociedad asturiana líderes de la altura intelectual de Luis Gómez Llorente, cabeza de lista al Congreso por Asturias; Emilio Barbón, o Fernando Morán, prestigiosísimo escritor, intelectual y diplomático.

Rafael Fernández, recién llegado del exilio mexicano, miembro de la comisión ejecutiva federal del PSOE en el XXVII Congreso y secretario general de Asturias, era también senador por la región, siendo posteriormente presidente de la Preautonomía. Dolores Ibárruri, "La Pasionaria", era también diputada, encabezando la candidatura asturiana del Partido Comunista, y Rafael Calvo Ortega, ministro de Trabajo con Suárez, era el cabeza de lista de la UCD, también diputado constituyente.

Fernando Morán, sin desconocer la realidad asturiana, nos hablaba también del papel que España debía jugar en el mundo y de conceptos un tanto desconocidos para el gran público, como la disuasión nuclear, el Acta final de Helsinki de 1975 y sus consecuencias, la crisis de las políticas de distensión entre las dos grandes alianzas o sistemas, el deterioro de las relaciones Este-Oeste, el Tratado ABM sobre misiles antibalísticos de 1972, el rearme nuclear soviético, la doble decisión, la reducción de misiles de alcance intermedio SS-20 y el despliegue de los Pershing II y misiles de crucero, el TNP (Tratado de No Proliferación Nuclear), los Acuerdos Salt I y la negociación de los Salt II entre EE UU y la URSS, el desequilibrio Norte-Sur, África, Oriente Medio, la situación de Irán, o las bases y condiciones para la integración española en el Mercado Común, y nuestro papel en la NATO.

El 17 de mayo de 1978 aquel hijo de Asturias, que había regresado de países lejanos, como tantos asturianos de la diáspora, fue votado masivamente y elegido senador por Asturias. Un año más tarde, repitió también como senador por Asturias, formando parte durante unos meses del primer Gobierno preautonómico.

Posteriormente, ya en octubre de 1982, fue elegido diputado por Jaén y nombrado ministro de Asuntos Exteriores de España en el primer Gobierno socialista del presidente Felipe González, entre el 1 de diciembre de 1982 y el 6 de julio de 1985.

La construcción europea ha ocupado una parte sustancial de la trayectoria de Fernando Morán. En Fernando Morán la idea de "más Europa", "la confianza mutua", "la identidad cultural en la Justicia y el Derecho", y "el reconocimiento mutuo", sobre todo en el respeto, la aplicación de decisiones judiciales y la garantía de los Derechos Humanos, siempre fueron principios cruciales a desarrollar para una sólida construcción europea.

Aunque sea el acontecimiento de mayor trascendencia y el hito principal y más conocido del Gobierno del que formó parte, no se puede dejar de mencionar, por suficientemente obvio y conocido, su protagonismo en la integración de España en Europa y en la negociación de su adhesión. Es de gran interés la lectura del diario de sesiones del Congreso de los Diputados de 25 de junio de 1985, en la sesión que debate en totalidad el proyecto de ley orgánica de Autorización para la Adhesión de España a las Comunidades Europeas. La intervención de Fernando Morán es un relato del gran valor y significación histórica para entender nuestra transición política y la importancia de la "inserción española y portuguesa en el sugestivo proyecto europeo a escala continental". Como sostuvo Fernando Morán, "tanto España como Portugal han sido siempre europeas (...) El esfuerzo europeísta de España ha sido, durante los años más oscuros, algo que alentaba al demócrata español, algo que unificaba en un mismo frente por la libertad a personas de derechas e izquierdas, algo que aunaba a todas las regiones de España... Ha sido el europeísmo uno de los signos distintivos de la democracia española y uno de los factores aunadores e integradores de la clase política española, sin el cual este proyecto de reconstrucción democrática no hubiese tenido lugar..." (Discurso leído en la sesión del día siguiente, el 26 de junio de 1985, en el Pleno del Congreso de los Diputados aprobado por unanimidad el citado proyecto de ley de Autorización para la Adhesión de España a las Comunidades Europeas).

Cuando Fernando Morán se incorpora al Parlamento Europeo en 1987, su impronta, prestigio y huella fueron indiscutibles. Su papel e influencia fueron muy importantes en el protagonismo creciente del Parlamento Europeo y en el debate, elaboración e inspiración del Acta única y el Tratado de Maastrich, lo que se llamó "la gran galopada europea". No podemos olvidar que el tránsito de Fernando Morán en el Parlamento Europeo encabezando la candidatura del PSOE y obteniendo importantes apoyos electorales se produce entre 1987-1989, 1989-1994 y 1994 hasta junio de 1999. Fueron esos doce años un periodo clave en el desarrollo y crecimiento de la Unión Europea, en la que se sentaron las bases de la Europa actual.

En efecto, su mandato como eurodiputado coincidió con una época de reivindicación, relanzamiento, potenciación y liderazgo del Parlamento Europeo en la construcción de la Unión Europea. En sus últimos años como eurodiputado se fue gestando a fuego lento la idea de la gran ampliación de Europa y de una modificación de los Tratados de la UE y la elaboración de una Constitución Europea, preparándose lo que fueron las bases de la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea y del Tratado de Niza de 7 de diciembre del año 2000.

Y desde esa vocación europeísta, fue ganando importancia su conciencia en la importancia de la ciudad en la construcción europea, " en la Europa de los ciudadanos y de las ciudades", en el principio de subsidiariedad que arranca en Maastrich y se consagra en el Tratado de Lisboa, en políticas europeas como Eurocities e Iniciativa Urban, lo que le llevó a finalizar su trayectoria política en el Ayuntamiento de Madrid, como candidato a la Alcaldía en mayo de 1999 y concejal ejemplar en su dedicación hasta el año 2002.

Su figura, tras una observación de lo que fue su trayectoria pública, es la de un actor y testigo privilegiado y muy cualificado de la historia de la Europa del siglo XX, y un orgullo para Asturias y España.

Queda por delante mantener la conciencia de la ambición europea y la Memoria. Quizá por todo ello, personas de la talla de Fernando Morán y de su compromiso europeo deben ser reivindicados, porque siguen haciendo falta en las instituciones de los países miembros de la Unión para mantener la esperanza y rescatar a Europa del olvido de su historia.

Compartir el artículo

stats