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Francisco García

Billete de vuelta

Francisco García

Defensa de la sanidad pública

Una de las primeras lecciones a obtener de esta crisis sin precedentes para las generaciones de españoles que no sufrimos el terrible cataclismo de la guerra es que, a partir de ahora, habrá que mandar al ostracismo al estilo de la antigua Grecia, o sea, al destierro por mal gobierno,

Al próximo indeseable que proponga privatizar la sanidad pública, uno de los bienes más preciados y de mayor mérito social que atesora este país, habría que aplicarle una cuantiosa cuarentena. E inhabilitarlo, por necio, por inconsciente y por torpe. Es preciso vacunar a la nación tanto de los privatizadores sin escrúpulos como de los partidarios de las nacionalizaciones chavistas o estalinistas. En este país, a la vista salta, hacen falta más sanadores y menos senadores.

El trabajo sin desmayo de los profesionales sanitarios para frenar la epidemia merece no solo el aplauso diario del resto de la población sino también el compromiso de las autoridades para reforzar, en el futuro, ese ejército de batas verdes y blancas, y dotarle de los medios necesarios para la batalla contra enemigos invisibles que no tienen bajas. Que nadie ose toser hoy a nuestros médicos y enfermeros, masculinos y femeninos, en singular y en plural.

No olvidemos tampoco, cuando los genios clarividentes que cuadran los Presupuestos del Estado y de las autonomías vuelvan a proponer recortes en educación, a los miles y miles de maestros y maestras, profesores y profesoras que enclaustrados y enclaustradas estos días en sus domicilios se las ingenian, por mil medios digitales, telefónicos y amanuenses, para mantener el contacto con sus alumnos. No están de vacaciones, siguen trabajando.

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