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Cien años de soledad

Evelio G. Palacio

El gran misterio, desvelado

El nuevo mundo que nace, porque nace un nuevo mundo, sería imposible sin las telecomunicaciones. Tomen nota los mandamases. Primero fueron servicios básicos la electrificación rural, para que las ordeñadoras entraran en las aldeas, y el asfaltado de caminos, para llegar rápido a la villa. Ahora hasta el último rincón

Algunos consiguen la hazaña de sustituir el rudimentario y perezoso punto de enlace por uno de radio. El asunto cambia, aunque tampoco haya una velocidad como para tirar cohetes. Las barras de cobertura del rúter suben y bajan como la Bolsa. O sea, bajan. El aparatito se ha convertido en el otro soporte vital básico de la pandemia. Nunca tanta gente sin hacer nada tuvo tantas cosas que hacer y nunca la gente sin salir del salón recorrió tanto mundo.

Este maravilloso milagro tecnológico invisible, como los virus, posibilita el contacto infinito. Desde Suecia, a tres mil kilómetros, protestan porque se enteran de lo que ocurre en casa por el periódico. Para eso están los periódicos. Que vayan tomando nota los suecos y dejen de hacer el sueco como si nada. Les llegarán más casos de los que esperan. Desde Sabadell, a 1.150 kilómetros, Dolors remite al grupo de Whatsapp vídeos de chinos. Uno muestra ideas para activar a los niños. Refrescos para zigzaguear y esprintar, monstruos de cartón que devoran nueces, renacuajos pintados a rotulador que se traga el desagüe... El otro, enorme descubrimiento, desvela, por fin, el gran misterio. Tanto rollo de papel higiénico era para realizar gimnasia. Una monitora ofrece una exhibición de movimientos: sentadillas, tijeretas, flexiones, saltos y abdominales con los rolletes como instrumento. España entera debe de estar preparándose para los Juegos Olímpicos.

Prosigue la sinfonía de sonidos, opus corona 2. De prados lejanos rebota el rítmico compás de las esquilas. Incluso a distancia se escucha el aleteo de los avispones. "Kiko" ladra a los gorriones que se posan en la sebe. Provocadores. Al otro lado de la loma, camino de la puebla, Desiderio enfila la huerta. A limpiar una esquina para las lechugas. Y con artrosis. La tierra tira y nadie la para. Ay si los coches funcionaran con pación. En el adiós, la pregunta ritual: ¿Y cuándo comemos unos callos? Habrá que degustarlos por videoconferencia, como todo en el nuevo mundo. Desde un valle sidrero próximo, rumbo a Gijón, Fran envía ánimos a los manzanos, los ejemplares de "raxao" recién plantados. Hay vida. Claro que hay vida.

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