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El final de una escuela de periodistas

El fallecimiento de Jiménez Lozano en el aniversario de Delibes

"Mira - dijo - , estos son los teletipos. Como verás son unas máquinas que escriben solas.

No me digas que te lo explique, querido, porque esto para mí es un gran milagro."

("Una peseta para el tranvía", M. Delibes)

Quiso el azar que el fallecimiento hace unos días de José Jiménez Lozano coincidiera con la semana en la que se cumplen diez años del de su compañero Miguel Delibes. Ambos fueron directores de la publicación diaria más antigua de nuestro país, "El Norte de Castilla". Allí hicieron una escuela de periodismo que tuvo en el escritor abulense su último referente, de la que formaron parte entre otros Francisco Umbral, Manu Leguineche o, de mayor edad que todos ellos, Francisco Javier Martín Abril.

A Umbral y a Martín Abril les unieron varias circunstancias más allá de su nombre: Paco para todos el primero y Pacorris, como dejaría escrito su tocayo, el segundo. Valladolid dedicó una calle a cada uno. Bien es verdad que a Martín Abril lo arroparon mejor pues la suya discurre desde Fray Luis de León hasta Núñez de Arce, y eso es mucha ventaja literaria. Ambos también perdieron a un hijo. El de Umbral, de niño, sería para siempre mortal y rosa en la vida del escritor. Ignacio Martín-Baró, asesinado junto a otros compañeros jesuitas en El Salvador, acompaña a su padre desde el monolito que el ayuntamiento colocó en su calle. Éste sufrió la censura en los cuarenta pero a su hijo Nacho le costó mucho más su defensa de los desheredados centroamericanos.

Contaba Delibes que Umbral y Jiménez Lozano eran las dos únicas personas que había conocido que escribían sus artículos de corrido, sin necesidad de corregir. Esa maestría en el uso del lenguaje permanece en sus muchos artículos. Así Umbral que describió a Meryl Streep como "una belleza gótica", retrato más preciso que cualquier pintura hiperrealista, reprendió a la presentadora en un programa de televisión por apuntarse a la moda de llamar "violentos" a los miembros de ETA. "Mire, señorita -interrumpió con su voz grave- violento soy yo si salto esta mesa y le meto a usted una bofetada. Ésos no son violentos, son asesinos". Claro está que la palabra bofetada la pronunció con hache mayúscula.

A "El Norte" se incorporó también un joven Manu Leguineche, que dejaría su impronta en el periódico y cuyo espíritu aventurero le llevó a recorrer el mundo con máquina de escribir en ristre. De su comunión con una de ellas llegó a decir que su único defecto era no aplaudirle cuando terminaba un artículo. Aquel reportero, que fue otro maestro de periodistas y dejó crónicas inolvidables, pensaba que el nivel cultural de un pueblo se medía por el nivel de sus cartas al director. Terminó sus días en su casa de Brihuega, "En Castilla, no La Mancha", sin olvidar su origen vasco, como cuando contaba que siendo residente en un colegio mayor en Valladolid le despertaron dos mujeres que hablaban en euskera.

En otro pequeño pueblo, Alcazarén, se instaló Jiménez Lozano. Si según palabras de Delibes la obra de Leguineche lleva el sello del humanista, no menor es esa impronta en la de Don José. Al contrario que al vizcaíno a él no le hizo falta dar la vuelta al mundo para tener lo que ahora llamamos una visión global. Escribió sobre todo lo humano y lo divino desde la base de una cultura enciclopédica y una curiosidad sabia para hacernos entender el acontecer diario. Sorprende por actual releer sus reflexiones de los años setenta en las que se preocupaba por la cantidad de información de la que podía disponer entonces la IBM y del uso que hiciera de ella. Que sólo desde lo local se puede ser universal dan buena prueba sus escritos, en especial su "Guía Espiritual de Castilla", así como la felicísima iniciativa cultural de "Las Edades del Hombre", que alumbró con José Velicia y otros colaboradores. Únicamente una persona que parecía conversar a diario con Kierkegaard, con Simone Weil o con Charlotte Brontë es capaz de despertarnos tanta emoción con sus obras.

La lista de periodistas de "El Norte" a los que ahora despedimos con la desaparición de Jiménez Lozano incluye también a profesionales tan notables como Alonso de los Ríos, Pérez Pellón, Martín Descalzo,? Ellos y los anteriores salieron de un feraz diario de provincias para escribir después en las grandes cabeceras nacionales: "Abc", "El Mundo", "El País" o "La Razón". Sólo Delibes dejó la profesión tras muchas peleas con ministros del régimen y años después dijo no al ofrecimiento de dirigir "El País" cuando éste se fundó.

Con Jiménez Lozano se va el último de aquel grupo, de una forma de hacer periodismo. En estos días en que un único asunto lo tapa todo, convendría recordar sus comentarios sobre la muerte de Aldous Huxley, que se produjo el mismo día que el asesinato de Kennedy y que por ello fue casi ignorada por la prensa de la época. Quizá pueda servir como referencia para el director de este diario, que estas semanas habrá de buscar contenidos relevantes sobre lo que está ocurriendo en un mundo aletargado, que no muerto, y que sabe bien que las noticias que merecen la pena no las escriben los teletipos por su cuenta.

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