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Francisco García

Billete de vuelta

Francisco García

El Papa y Orwell

En la misa matutina celebrada ayer en la capilla de la Casa Santa Marta, el Papa Francisco pidió por los periodistas. El gesto le honra: otros poderosos pretenden acabar con esta profesión y sustituirla por otra a su medida y al servicio de sus propios intereses, donde la verdad sea un traje a la medida de Agamenón y harapos para su porquero.

"Oremos hoy por los hombres y mujeres que trabajan en los medios de comunicación. En este tiempo de pandemia arriesgan mucho y el trabajo es grande. Que el Señor los ayude en este trabajo de transmitir, siempre, la verdad", rogó el Sumo Pontífice en sus preces.

La verdad, la que todos buscamos aunque a veces extraviemos la senda. En todas las profesiones existe un compromiso con la verdad. En la nuestra, ese compromiso es deontológico, in eludible.Allá donde se esté hay que defender a la verdad de instancias como el Ministerio de la Verdad que describió Orwell en "1984", novela premonitoria. Para salvaguardar la omnipresencia del "Gran Hermano", el "Miniver" tenía el cometido de reescribir los hechos al gusto del partido gobernante.

Se llamaba Ministerio de la Verdad pero en realidad su cometido era el contrario: la falsificación grosera de los acontecimientos. Administrar la verdad de manera torticera supone aprovecharse del miedo de la gente para convencer a la población de que dos y dos suman cinco; o que es incierto que los muertos de la pandemia aciendan a más de los 25.000 que contabilizan las fuentes oficiales. Con frecuencia la verdad oficial se aleja de la realidad tozuda de los hechos. No siempre de manera deliberada; pero en tiempos convulsos de pérdida de libertades, frecuentemente sí.

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