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Javier Ciervo

Un millón

Javier Cuervo

La aviación comunica mal

El presidente Pedro Sánchez está dispuesto a acelerar la desescalada porque España necesita los 80 millones de turistas que han aportado el 12% del PIB y 2,6 millones de empleos durante los últimos años, mientras playas competidoras soportaban guerras civiles, terrorismo islámico y otras catástrofes. La nueva normalidad llevará los dedos cruzados.

El virus entró por un avión en Madrid, Barcelona, Milán o París y tomó un taxi al geriátrico, pero la aviación comercial ni se ha planteado la distancia interpersonal. Mascarilla y a volar. A la cuarta hora, cambio de mascarilla. El sector corre peligro de muerte. Lufthansa, privatizada en 1997, con 700 de sus 760 aviones parados, pierde un millón de euros por hora. El Estado alemán acaba de ayudarla con 9.000 millones de euros. Es deseable que den más de 9.000 horas de vida, porque eso son 375 días de sangría, algo menos de lo que los optimistas calculan que tardará en llegar la vacuna.

El turismo que ahora intenta salvar el verano -sin comunicar especial preocupación por un rebrote- no ha trasladado que durante el confinamiento haya imaginado un mundo distinto al de los últimos años, aunque es probable que en los próximos no se den las circunstancias económicas, sociales e ideológicas que tenían a gran cantidad de población en terminales de vuelos haciendo colas de serpiente para subir a cabinas herméticamente cerradas presurizadas por aire comprimido. Después de décadas de negocio consistente en cargar masas en el punto A y bascularlas en el punto B, han sido incapaces de imaginar soluciones para transportar personas y han aplicado la comunicación insuficiente a la que nos tienen acostumbrados en los aeropuertos cuando pasa algo.

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