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Segunda inocencia perdida

Brotes y colas para hacer pruebas en Gijón, nuevo baño de realidad en la era Covid-19.

Hubo un lapso de tiempo, entre los noventa y nueve días del estado de alarma y los primeros rebrotes posconfinamiento, en el que quisimos creer con todas nuestras fuerzas que el covid estaba, si no combatido, domeñado. Que la espera paciente por la vacuna sería un sendero con ecos de lugares lejanos que sufrirían esa reválida a la que nosotros ya no volveríamos a someternos.

Los ecos se fueron acercando y entonces nos aferramos a nuestro marchamo de comunidad libre de virus pero, a diferencia de los sellos de calidad serigrafiados en metacrilato, éste se audita al minuto y se pierde con el primer positivo. Fue una buena campaña de marketing para Asturias mientras duró y tal vez salvó parte del descalabro turístico atrayendo a gentes deseosas de burbujas de normalidad. Pero sería necesario un autoestado de sitio para mantener aquel oasis. Duró más en nuestras mentes que en nuestras calles.

En realidad, quien sometió al virus fue nuestro deseo. Pero una victoria soñada no es victoria. El deseo tiene escasa incidencia clínica frente a lo que responde a las leyes de la biología. Cierto que despliega potencial emocional y orientación a la acción, pero siempre que sea la acción correcta, claro. Si nos lanza a desdeñar las protecciones, entonces el deseo es una trampa.

Quizás señores envueltos en banderas instando a la insumisión, negacionistas de todo o de parte y otras gentes compartieron shisha en el local de Fomento en el que se ha declarado el brote más preocupante de Gijón.

Nunca entendí la distinta vara de medir que propicia la paradoja de una terraza con personas sin mascarilla ni distancia de seguridad fumando una pipa común por la que hacen confluir sus respiraciones, mientras, por poner un ejemplo de contraste, en el Teatro Jovellanos, asistir a un espectáculo es una experiencia parecida a una sala de asilamiento hospitalaria. No se tiene noticia de un teatro con brote. Sí de la cultura como salvavidas; pero ése es otro artículo.

Por si el sueño no se nos hubiera roto ya, las colas de coches en la explanada de la Escuela de Marina esperando para hacer la prueba nos han abierto definitivamente los ojos y propiciado la segunda pérdida de la inocencia de la era Covid-19. Se ve que aún nos quedaba un resto que hemos alimentado con el deseo y sus trampas.

Ser capaces todos -administraciones y ciudadanía- con todas nuestras diferencias, de comprometernos en una respuesta es crítico para evitar una recaída en la falsa creencia de victoria. Por el momento, el resistente y coordinado es el virus.

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