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José María de Loma

Las colas

El sovietismo inesperado provocado por las restricciones del coronavirus

Han vuelto las colas. La primera que vi ayer fue a las nueve y pico de la mañana en una céntrica cafetería de pocas mesas en la puerta. La gente hacía cola para sentarse en el lugar del primero que se levantara. Colas en las mercerías y en los supermercados

En los bancos también suele haber colas. Cada vez hay menos sucursales. Primero haces la cola para que alguien te atienda y ya cuando te mandan al cajero haces la cola en el cajero. Al final, para que te cobren comisiones por cualquier cosa, haces dos colas. En la Unión Soviética todo el mundo llevaba una bolsa en el bolsillo. Por si acaso en su deambular diario veían una tienda abierta con cosas, se ponían en la cola y lograban algo. Esto que acaba de leer no sé si creérmelo. Se lo tengo leído a varios escritores, si bien no sé si es verdad o es un tópico que hay que meter y contar cuando se habla de las colas. No sé si esos escritores estuvieron alguna vez en la Unión Soviética ni sé si había bolsas para tanta gente. Aquí más que con bolsas vamos con resignación y, al menos yo, deseando irme a casa. Tenemos dos baños, no hay cola para mear.

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