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Tino Pertierra

Alarma de estado

Magda: “Así me siento yo: con todas las alarmas encendidas y rugiendo advertencias. Cuidado, atención, peligro, zona de riesgo, protege tus espaldas, avisada estás.Supongo que eso me convierte en una inquilina de la edad madura. Yo no era así. No diré que fuese una inconsciente incapaz de advertir los

Más nitidez en mis sentimientos, tan dados durante mucho tiempo a camuflarse de necesidad y certeza. Nada que tú no sepas. ¿Sabes qué pasa? Que por muchos errores que cometas, cuando aciertas te olvidas de todo lo que falló y das por bueno lo malo si te acerca a lo mejor.

Al menos, eso pensaba yo cuando tenía tanto tiempo por delante y tan poco por detrás, cuando te crees invulnerable a medio plazo y eterna a largo, cuando de verdad consideras que el universo conspira para favorecerte.

Ja, ja, ja.

Pon aquí un emoticono de sacar la lengua sonriendo. Es mi favorito junto con el de apoyar la barbilla en una mano y poner cara como de meditar sospechando que te están intentando camelar. O acaramelar, que es peor.

El caso es que ahora, como decía antes, he llegado a una edad en la que me aburre desenvolver camelos y caramelos, y me he rodeado de un sofisticado sistema de alarmas para que me avisen a tiempo de la presencia en la cercanía de amenazas, sospechas e intrusos.

Hay mucho terreno que cuidar todavía de malas hierbas y ya no soy la que era a la hora de recuperarme de sustos y disgustos. No es que dispare y luego pregunte quién va, pero sí que mantengo la puerta cerrada hasta saber quién viene. Hay quien me considerará desconfiada. Yo adoro ser precavida”.

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