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Francisco García

La cruz de los hosteleros

La hostelería es el sector económico más castigado por la pandemia, como si el perverso virus se hubiera adherido como una lapa a la barra del bar y la hubiera llenado de inmundicia. Y no hay chorro de lejía que ablande al bicho, según se deduce de la decisión de

Ya pueden airear sus establecimientos y convertirlos en terrazas; ya pueden ingeniárselas para acercar menús a domicilio; ya pueden derrochar amabilidad y ponerle buena cara a un tiempo de perros, que parece que “su” covid es más dañino y de mayor carga vírica que el de los hospitales, los colegios y las reuniones familiares, como si el coronavirus reuniera en un bar o restaurante nocturnidad y alevosía.

Los españoles somos gente de bar. No concebimos muchos el café de media mañana, rápido y reparador, sentado en una mesa y a distancia, sin poder comentar con el Séneca del otro lado de la barra la última arrancada de Manu García. Sirvan estas líneas de aliento a amigos hosteleros de Gijón a los que profeso admiración y estima, como Esteban Jirout y Úrsula, Javier Argüelles y Esther o Julio Baizán y Flor.

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