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Camilo José Cela Conde

Vida maravillosa

Una lección de paleontología

Uno de los mejores y más entretenidos libros de paleontología que se pueden leer es el de Stephen Jay Gould dedicado a la fauna del Cámbrico de Burgess Shale. Se llama “La vida maravillosa” (Wonderful Life) y apareció en 1990. En él, Gould repasa los fósiles extrañísimos que encontró a principios del siglo XX Charles Walcott y fueron analizados con posterioridad por Simon Conway Morris, quien fue incapaz de situar a buena parte de la fauna de ese enclave de la Columbia Británica (Canadá) en ninguno de los grandes grupos (filos) de seres vivos actuales. Los nombres dados por Morris a los ejemplares más extraños de Burgess Shale, como Hallucigenia, dan cuenta del misterio que los envuelve. La tesis de Gould acerca de esa época, la del Cámbrico –hace alrededor de 530 millones de años, en que se produjo una explosión de las formas de vida en nuestro planeta– se puede recrear mediante un arbusto. Frente a la tesis original de la evolución de los seres vivos en forma de árbol, con un tronco del que salen varias ramas, propia del neodarwinismo ortodoxo, Gould imagina que en un principio debió existir una multitud de distintas ramas formando un bosque intrincado de alternativas adaptativas. Unas pocas prosperaron y dieron paso a los filos actuales. Otras se extinguieron, como las criaturas extrañas de Burgess Shale.

El recuerdo del libro no menos maravilloso de Gould me ha venido a la mente leyendo el comentario publicado en “Nature” por Traci Watson, editora asociada de la revista, sobre los hallazgos realizados en la región de las gargantas del río Yangtze, distrito de Yiling (China), un paraje turístico por excelencia, por el equipo de Shuhai Xiao, paleontólogo del Departamento de Ciencias de la Tierra de Virginia Tech (Blacksburg, Virginia, Estados Unidos). Xiao y colaboradores publicaron en 2019, también en “Nature”, el hallazgo de fósiles con 550 millones de años, es decir del Ediacárico, la época inmediatamente anterior al Cámbrico, como Yilingia spiciformis que muestran –al decir de Traci Watson– evidencias inequívocas de dos innovaciones adaptativas trascendentales: la capacidad de moverse por el fondo del océano y un cuerpo formado por segmentos en el que se pueden identificar con claridad los extremos anterior y posterior. Dicho de otro modo, seres semejantes a los que tienen hoy simetría bilateral “desde langostas a leones” y, añado yo, nosotros mismos.

Los animales como Yilingia son los más antiguos que se han encontrado capaces de ser tenidos por ancestros de la fauna de hoy. Respecto de los de Burgess Shale que analizaron y comentaron Walcott. Morris y Gould –a quien no citan, por cierto, ni Watson ni Shuhai Xiao– son posteriores pero tan extraños que fueron tomados a veces por órganos –mandíbulas, quizá– procedentes de algún animal más grande y desconocido. Tenga razón Gould o no, la vida es maravillosa.

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