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Francisco García

Illa se la juega a Barbón

El drama de ser administrados por un Gobierno que no gobierna y que de manera irresponsable decidió ceder a las comunidades autónomas la gestión de la pandemia, lavándose las manos en la palangana de la imprudencia, es que haya que soportar esperpentos como el vivido en la mañana de ayer,

Sin instrumentos legales para tomar decisiones que afectan a la libertad de movimiento de las personas, las autonomías están atadas de pies y manos en la lucha contra el virus; de tal manera que unas disparan al bicho con las escopetas de corcho del ejército de Pancho Villa y otras lo hacen a cantazos con una honda o un tirachinas. Mientras, desde la torre de marfil se sigue con displicencia el desarrollo de la batalla, para ordenar la carga de los cañones cuando la caballería autonómica se tambalee, exangüe.

El mensaje que ayer se trasladó a la ciudadanía desde Madrid fue terrible: si Illa hace oídos sordos al SOS de Barbón, ¿cómo puede pretender Barbón que sus administrados hagan caso de su llamamiento desesperado, a la vista de la crítica situación de los hospitales de la red pública asturiana? El ministro de Sanidad ha dejado al cauteloso y precavido Barbón con las posaderas en pompa. Y no es de justicia: si el Gobierno de Sánchez va a seguir apelando, machaconamente, a la responsabilidad individual de los ciudadanos, debería dar ejemplo y no dimitir de la suya.

Echará la cancela el comercio, cerrará la hostelería, se limitarán aún más las relaciones sociales pero ante tamaño despropósito de descoordinación el único que seguirá de fiesta será el covid. Sírvanle otra copa.

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