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Paco G. Redondo

Consignas y hechos

Fallos en el enfoque contra el coronavirus

Han vuelto a imponer el cierre de hostelería y comercios con los contagios de coronavirus desbocados en Asturias durante octubre. Se van copiando unos territorios a otros, quince días antes lo hizo la Generalitat catalana. El criterio no es la distancia de separación entre los clientes, sino el carácter sectorial de la actividad, que llaman no esencial. Es un sofisma. Todas las actividades y comercios son esenciales desde el momento en que hay familias que viven de ellas. Hace quince días los contagios diarios en Cataluña eran unos 1.000 o 1.500, ahora son unos 4.000 o 5.000: ¿de qué ha servido entonces cerrar estos quince días la hostelería y los comercios en Cataluña? Paralelamente las redes sociales publican fotos –no sé si actualizadas- de estaciones de metro y autobuses con gente agolpándose en su interior, o al subir y bajar. Curioso. Una cosa es suspender actos masivos en teatros o discotecas, y otra que a los comerciantes no les permitan abrir: ¿Se deben exigir impuestos a quien se prohíbe tener ingresos?

Si en Cataluña los contagios han subido mucho y en Madrid relativamente se mantienen: ¿debería Asturias inspirarse en Cataluña o en Madrid? ¿Sería más práctico intensificar las restricciones en los ámbitos sanitarios con mayores contagios? Respecto a la enseñanza, en Asturias los contagios se han disparado unos quince días después que en la mayoría de las regiones –por lo cual se creían más progres y más listos–, y aquí el curso escolar se ha iniciado unos quince días después: ¿Puede haber alguna influencia, o será todo mera casualidad? El “exceso de confianza” en verano no parece una excusa ni cuantificable ni científica. Si hubo exceso de confianza en agosto: ¿por qué no se dispararon los contagios en agosto, y sí se han disparado en octubre? Puede haber 25 personas en los vagones de Cercanías, en un autobús o en un aula de Bachillerato, pero hay que prohibir que haya varios en una terraza o comercio separados 1,5 metros entre ellos. Más bien parece los contagios se deben a las aglomeraciones, eventos y fiestas.

Los lemas oficiales del poder central durante el desarrollo de la primera ola han sido un auténtico despropósito. Del “No hay que crear alarmismo”, al “Salimos más fuertes”, pasando por “Todo va a salir bien”, con millones de contagiados y decenas y decenas de miles de muertos, parecen bromas macabras. ¿Qué lemas nos machacarán ahora para convencernos de lo bien que lo están previendo y haciendo? Que en casi toda Europa occidental estén parecidos no es mucho consuelo. Primero porque dice el refrán: Mal de muchos, consuelo de tontos. Segundo porque precisamente puede que estén parecidos de mal porque se dedican a copiarse unos a otros. Y tercero porque España tiene de los peores datos sanitarios y económicos en proporción a la población. ¿Y si copiáramos a Taiwan o Corea del Sur, países con escaso número de contagiados y muertos? ¿Y si controláramos los aeropuertos, pidiendo PCR a los que vienen de naciones de riesgo? Entre las consignas y los hechos, suelen tener razón los hechos.

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