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Francisco García

Billete de vuelta

Francisco García

La más cara mascarilla

En febrero, cuando las autoridades vivían en la inopia y las noticias que llegaban de China adormecían en el caldo narcótico de la lejanía, nos recomendaron no utilizar mascarilla. Aunque las imágenes televisivas mostraban a los orientales tapados hasta las cejas, Don Simón, que envejece peor que un mal vino

Semanas después, cuando los contagios crecían, las UCI se llenaban de enfermos y empezaba a morir gente, las mascarillas se hicieron obligatorias por decreto. Y a un artículo de primera necesidad por la pandemia se le gravó con un impuesto de lujo: IVA al 21 por ciento. Un buen pellizco para las paupérrimas arcas de la Hacienda pública. En abril, la UE dio permiso para bajar ese impuesto, a la vista de la extensión imparable del covid-19, pero hasta esta misma semana, el Gobierno de España no ha anunciado la reducción del IVA. De tal manera que, en las provincias limítrofes con la raya portuguesa, los ciudadanos cruzaban la frontera y venían cargados de mascarillas de Portugal, que allí se pagan a 0,10 euros la pieza cuando aquí cuestan 0,90. Una estafa consentida.

Se cocía así a fuego lento la segunda gran mentira, la de que Europa no autorizaba bajar el precio por la vía impositiva. El afán recaudatorio primó sobre el interés público aun a sabiendas de que para la economía de muchas familias el gasto en mascarillas resultaba lesivo. Ocurre que si en algún momento pensaron que, además de proteger, la mascarilla servía de bozal, erraron gravemente: no van a lograr tapar muchas bocas.

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