Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Fernando Granda

Nuevas producciones de nuestras tierras

Los innovadores cultivos que se planean en Parres, una buena noticia que va en la dirección de depender menos del turismo, dar vida a los pueblos y luchar por detener el cambio climático

El municipio de Parres disfruta de buenos emprendedores. Cuando los prados están perdiendo protagonismo al reducirse las cuadras y desaparecer algunas ganaderías, surgen parragueses que buscan nuevos usos de las tierras que van perdiendo su anterior empleo. Si hace poco plantaron viñas para producir vino, ahora preparan la tierra para

Si expertos en economía y en políticas sociales hablan del necesario cambio de producción, son muy buenas noticias estas iniciativas. Muchos prados asturianos se encuentran en desuso porque cada vez hay mayor concentración de ganaderías y los ganaderos locales van desapareciendo. Parroquias enteras ven sus erías sin vacas, ovejas, cabras. Muchos establos se transforman en viviendas rurales y las aldeas cambian su fisonomía campestre por reductos turísticos. La ruralidad pasa de ganadera a senderista en muchos casos, lo que en principio no es pernicioso en sí, pero representa el desaprovechamiento de unos preciosos campos elogiados fuera de Asturias.

La Asturias verde sigue siendo verde, pero menos productiva. Por eso las iniciativas para hacerla productiva deben ser bienvenidas, recibidas con alegría. Y ahora que se pregona la autosuficiencia y la proximidad, la sostenibilidad y la lucha contra la contaminación… Ahora que hemos de impedir el cambio climático, estos nuevos usos de la tierra, algunos abandonados en los últimos tiempos por una globalización que ha beneficiado a las grandes corporaciones, repoblar nuestros campos con agricultura práctica es una labor encomiable.

Cuando hace unas décadas ciertos adelantos económicos y sociales promovieron el retiro de producciones agrícolas y ganaderas, participé personalmente en tertulias y conversaciones con campesinos que se retiraban o se acogían a nuevas normativas. Se hablaba entonces del aumento de la contaminación, del ozono, de la “selvatización” de los bosques, del empobrecimiento de la atmósfera. Planteamos algunos la plantación de árboles autóctonos, frutales, madereros, decorativos, el establecimiento de huertas y campos para vegetación práctica para alimentación, descontaminación, regeneración de las tierras. Recibimos unas respuestas ambiguas, inhibidoras, que señalaban que la idea representaba mucho trabajo y poca recompensa, al menos en el corto plazo. Parece que las iniciativas que se anuncian ahora en muchos pueblos son más pacientes.

Vinos, avellanas, kiwis, arándanos y otros muchos frutos y verduras que se cultivaron en tiempos en el Principado son propuestas a medio o largo plazo. El peligro puede llegar si dependemos del turismo, como ha demostrado palpablemente la pandemia actual del pernicioso coronavirus. Pienso que necesitamos que se prepare la tierra para años y no meses, para un próximo futuro que haga progresar el medio rural, para que no se abandone y dé vida a una población que no tenga que huir a las ciudades, al tiempo que contribuya a las producciones de proximidad, luche contra la mortal contaminación e impida, detenga, el amenazante y peligroso cambio climático. Nuevas producciones adecuadas a nuestro clima han de ser bienvenidas. No abandonemos una tierra fértil, llena de vida. Lo rural no está reñido con el progreso.

Para continuar leyendo, suscríbete al acceso de contenidos web

¿Ya eres suscriptor? Inicia sesión aquí

Y para los que quieren más, nuestras otras opciones de suscripción

Compartir el artículo

stats