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Preservar el hábitat osero es incentivarlo

La necesidad de políticas sostenibles para proteger y promocionar al mismo tiempo espacios naturales

La Fundación Oso de Asturias observa desde hace tiempo, y con creciente preocupación, actividades de diversa índole que hacen uso de la imagen de esta especie para promocionar las mismas de tal manera que su “éxito” pudiera traducirse, paradójicamente, en un perjuicio para este icónico animal.

La existencia del medio ambiente que el oso representa es un valor extraordinario en sí mismo y un activo económico para las comarcas que lo albergan, pero siempre con la condición de que sea utilizado de forma respetuosa y con criterios estrictos de sostenibilidad. En ningún caso se puede retroceder a pocas décadas atrás, cuando a punto estuvo de extinguirse.

El hábitat osero –es decir, por donde la especie “camina” habitualmente– es frágil y está sometido, mas allá de las actividades agroganaderas tradicionales que se deben no solo sostener sino también apoyar, a múltiples interferencias entre las que cobran especial importancia el número creciente de visitantes que hacen del disfrute de la naturaleza un lógico objetivo a su alcance y que, a veces, sin la cautela ni la prudencia necesaria, pueden adentrarse en áreas de especial sensibilidad para la preservación de unos valores que todos compartimos. Asturias posee una geografía rica y diversa en la que es posible llevar a cabo infinidad de iniciativas singulares sin necesidad de recurrir a que estas se desarrollen en espacios cuyo equilibrio ambiental pudiera verse directa, o indirectamente, alterado por la presencia activa de centenares de personas, por muchas cautelas que pudieran instrumentarse para intentar evitarlo.

En la FOA somos firmes defensores de actividades que contribuyan a mejorar las condiciones sociales y económicas de la población de las comarcas en las que viven los osos. Y, además, ya está más que contrastado que la especie es en sí un activo también económico de primer orden, y es precisamente por ello que debemos, entre todos, evitar deteriorarlo o ponerlo en riesgo.

No tenemos duda sobre las buenas intenciones que albergan quienes promueven iniciativas en el entorno mencionado e incluso hacen uso promocional de la singularidad de una especie que puede inducir a equívocos que se traduzcan en pensar que todo es posible en el mismo.

Pero porque también las mejores intenciones pueden originar efectos indeseados e inicialmente no previstos, hacemos un llamamiento a la reflexión y la prudencia más allá del ejercicio de las competencias que en su caso deberán ejercer los responsables y gestores de estos espacios privilegiados.

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