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José María de Loma

El proyecto

Politizados

El otro día me encontré con un amigo que iba muy contento. Yo siempre me alegro de la felicidad de los amigos, así que, incluso a riesgo de que me lo explicara con demasiado detalle y tiempo, le inquirí acerca de su estado y me dijo que había encontrado un proyecto político.

Caramba, qué suerte, le dije. Sí, me explicó, es un proyecto político chiquitito, estaba tirado en la acera, cerca de mi portal. Pensé en llamar a la policía pero luego recapacité, lo cogí, vi que no era de nadie, esperé un poco y como empezó a desarrollarse me lo subí a casa. Le di algo de leche, pero la rechazó. Probé con las galletas, pero nada. Entonces le suministré unas gotas de vino y se calmó. No sé si hago bien, pero el caso es que me pide vino con frecuencia, aunque también le proporciono agua. Le pregunté a mi amigo que cómo le pedía las cosas el proyecto político y mi amigo me dijo que con consignas. Ah, claro, qué tonto, dije para mis adentros. O igual lo dije para mis afueras.

El proyecto político no da un ruido por las noches, me describía mi amigo. Eso sí, añadió, en cuanto oye las tertulias de la radio o la tele se enfurece y a veces hasta me destroza los cojines o tira los vasos o se mea en la alfombra. Es que lo quieres todo, le dije a mi amigo, sí, quieres un proyecto político propio y dócil y quieres además alfombra, es que tú has sido siempre muy ambicioso, seguro que tienes hasta coche y seguro de vida. Sí, claro, me dijo mi amigo, claro que sí, y plaza de garaje y carné de un club náutico, tú qué te has creído.

Yo lo que me había creído es que los proyectos políticos había que compartirlos, pero no le iba a decir a mi amigo que me llevara a su casa o que me diera un trozo de ese proyecto, no es plan de trocearlo. Me imagino lo que ha de chillar un proyecto político cuando los despiezas, lo mismo te salpican ideas o dogmas o un viejo eslogan o algo así. Me despedí de mi amigo, ahora politizado y feliz, con otra boca que alimentar. Se me antojó un vino. Un vino no militante.

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