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Luis M Alonso

Sol y sombra

Luis M. Alonso

Maradona

Murió Diego Armando Maradona uno de los más grandes futbolistas de la historia y un mal ejemplo en casi todos lo demás. En el mundo en que vivimos eso no empaña, sin embargo, la sensación de haber hecho felices a muchos que durante días no se cansarán, además, de repetirlo. Los que disfrutaron viéndolo jugar, los argentinos que se sintieron reivindicados por él después de incontables fracasos sociales y el mariachi funerario de los políticos que se esfuerzan por competir en las redes sociales con cursis condolencias. Pablo Iglesias no tardó en invocar al “barrilete cósmico divino” y en hacerse eco de aquello de “Dios lleva el diez a la espalda y es argentino”. Pedro Sánchez le recordó como “eterno pibe” y ha escrito que con su zurda “dibujó el sueño de varias generaciones”. Incluso con la mano de Dios, que el VAR seguramente no hubiera dejado pasar, vengó a la patria de las Malvinas frente a Inglaterra en los cuartos de final de la Copa Mundial de Fútbol de 1986, el 22 de junio, en el Estadio Azteca de la Ciudad de México. Tras decretar tres días de luto nacional, Alberto Fernández expresaba la sensación de orfandad de un pueblo: “Nos llevaste a lo más alto del mundo”. Le harán funerales de Estado.

Maradona fue muy capaz de elevar la autoestima de los argentinos pero, en cambio, no supo cómo encarrilar su vida, que se fue convirtiendo con el paso del tiempo en un desastre, salpicada por los escándalos y las drogas. La felicidad es compatible con la triste realidad que le acompañó tantas veces: con sus grotescas apariciones en público y el patetismo atroz de su figura. De los juguetes rotos del deporte de todos los tiempos no fue el que recibió más golpes, porque a Dieguito, al contrario que a otros, sus propios compatriotas le habían reservado el papel de Dios mismo, que no me extrañaría nada refrendase el Papa, que por algo es argentino.

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