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Francisco García

Billete de vuelta

Francisco García

A Felipe no lo callan

Es apreciación aplaudida comparar a los expresidentes del Gobierno con jarrones chinos, objetos valiosos que no sabes dónde colocar sin que chirríe la decoración. Si además ocupa un hueco en el pasillo de un apartamento pequeño, se corre el riesgo de que llegue un crío, le sacuda un pelotazo y lo haga añicos. Con tantas leyes de educación los mozalbetes no saben historia, ni de la lejana China ni de la reciente España democrática.

Al “viejo” Felipe González se le debe, a nivel orgánico, el imprevisto golpe de timón de Suresnes, y como gestor al mando de la nación habrá que reconocerle el acertado viraje a la socialdemocracia al estilo Olof Palme y la implantación del Estado del bienestar que ahora se cae a cachos. Independientemente de los muertos bajo las alfombras enterrados en cal viva, los hermanísimos y la corrupción, que ha sido moneda de curso ilegal pero frecuente de tantos gobiernos de nuestra democracia. Pero ese es otro capítulo que hoy no toca.

Ocurre que hay jarrones chinos y porcelanas de imitación, más falsas que los besos de la “bien pagá”. No es lo mismo un jarrón tipo González, con pedigrí, tal que de la dinastía Ming, que una pieza modelo Zapatero, que se puede encontrar de saldo en las tiendas orientales de baratijo.

Considerar caduco a González por soltar a viva voz las verdades del barquero se antoja una insolencia insultante, mandarlo al geriátrico por proclamar que no es progresista querer romper España o dividirla. Ni progresista ni de izquierdas. O por pregonar que no aceptaría el apoyo presupuestario de dos partidos que quieren destruir el país y de un tercero que por lo menos pretende trocearlo.

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